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Catorce vs Ocho

La Riesling empieza poco a poco a diseminarse fuera de Alemania y Alsacia por algunos viñedos donde hasta hace unos años no era ni siquiera imaginable su producción. España, Italia, (los alemanes llaman riezling Italico a la uva blanca que no tiene que ver con la Riesling Renano) Chile, EE.UU., Australia y uno que otro país donde han empezado ha vinificar con esta extraordinaria uva, con diferentes resultados, pero jamás como en el Mosela.

Paseando por la «zona gourmet» de Liverpool, una de las tiendas departamentales más grandes de México, me llamó poderosamente la atención toparme con un riesling de una bodega de larga tradición vitivinícola en Chile; Cousiño Macul. Se trata de Doña Isidora  Riesling 2008. Desde que leí en la etiqueta sus 14% de alcohol me pareció impertinente y hasta ocioso compararla con algún vino del Mosela. Pero las vacaciones y el calor pudieron haber trastornado mis ya de por sí deterioradas neuronas, así que los planes siguieron adelante. Lo compré y lo llevé a casa por $120, valía la pena probarlo. Lo que sigue a continuación es lo que pudiera ponerles el pelo de punta a los más ortodoxos. Saqué de mi cada vez más limitada cava, otro riesling, un Mönchhof Spätlese 2005. En realidad lo que necesitaba era un pretexto más para descorcharlo, o mejor dicho quitarle el tapón metálico. Una mini cata comparativa de dos botellas que desde un principio lo único que tenían en común era la uva.

La primera impresión con Doña Isidora fue una grata sorpresa al encontrarme con el sello característico de esta uva: norisoprenid hidrocarbono 1,1,6 trimethyl 1-2- dihidronaphthalene (TDN) que en términos terrenales se manifiesta como; hidrocarburos, petróleo o queroseno, como mejor quieran definirlo. En nariz se defendió muy bien, pero una vez que entró a la boca sus 14 grados hicieron mella. Vodka en las rocas con unas gotitas de limón. Mucho alcohol, mal integrado, demasiado para un riesling que por lo regular no pasa de 10%.
Mönchhof es una ilustre bodega fundada desde 1177. Su actual dueño Robert Eymael debe estar muy orgulloso de lo que se ha hecho a lo largo de los siglos.
Este Mönchhof es floral, con melocotón de fondo, para después dar algunas notas de queroseno. En boca es vibrante, chispeante, abocado, algo de carbónico sólo en la lengua. Un vino compacto y sutil. Sus ocho grados guardan una gran distancia con Doña Isidora.
Seguiré con los riesling por debajo de 10%. Lo prometo.