Posts etiquetados ‘Crush’

Grupo de manifestantes, muy cerca de lo que fue el WTC

El segundo vino que descorché en la habitación fue un tinto, otra recomendación del mismo vendedor. Domaine Navarre 2009 de la apelación de origen Saint-Chinan. Alguien se preguntará dónde queda eso… Está en Languedoc al sur de Francia entre Minervois y Faugéres. Sus tintas son: carignan, sustituida gradualmente por: syrah, grenache, llanoder pelut y mourvédre. Sus aromas dan lácteos al principio, después cuero y fruta negra. Boca frutal, de tanino maduro, buena acidez y cierta complejidad. Un buen vino que podría maridar con algún platillo al horno, quizá una pierna de cerdo con ciruelas, o hasta un pavo relleno con algo dulce. Un tinto repetible.

Un amigo que vivía en Nueva York me decía que para él era una garantía que ciertos importadores aparecieran en la contra-etiqueta, nombres como: Rosenthal Wine Merchant, Terry Theise Selection y Louis/Dressner Selection son compra más que segura, son vinos para disfrutar y comprar por cajas. Este último importador ha muerto hace poco, después de una valiente batalla contra un tumor cerebral. Pionero en la importación de vinos naturales a EE.UU. Así que me puse a revisar contra-etiquetas.

La «ardua» tarea de elegir entre tantos…

El último día me enfilé a la 52th entre Lexington y la 3rd donde se ubica Crush. Una tienda bastante más moderna que Chambers, más fría pero con una buena selección de vinos. Me limité a seis botellas, aunque pude haber metido ocho en una caja, seis litros es el límite que marcan en la aduana, pero no quise cargar más. Como sólo faltaban dos para completar la media docena y ya no había tiempo de descorches en el hotel, compré justamente dos borgoñas tintos que no pasaron de 60 dólares cada uno: La Pousse d´ Or Chambolle-Musigny y Savigny-les-Baune 1er Cru de Simon Bize & Fils, ambos 2009. Que no sé en cuanto tiempo descorcharé, pero que seguramente darán de qué hablar en este espacio.

Para mis compatriotas que se interesen en traer vino del extranjero, dice muy claro la ley:

Los pasajeros mayores de 18 años de edad pueden introducir un máximo de 20 cajetillas de cigarros, 25 puros o 200 gramos de tabaco, hasta tres litros de bebidas alcohólicas y seis litros de vino» (…)

Jasmin Cote-Rotie 2001

Por la tarde quisimos visitar el Museo de Arte Moderno, como era viernes la entrada era gratis, aunque hubiera preferido pagar ya que la cola era kilométrica. Después de revisar hasta donde llegaba tuvimos que cambiar de planes y fuimos a cenar a un restaurante que está al lado del museo, The Modern, recomendado por la vendedora de Crush.
Un lugar que desde la entrada hace gala de su minimalismo, y del buen gusto al confeccionar la carta de vinos. Dentro de su repertorio figuran medias botellas (375ml) un Lafite y un Haut Brion 2004. Una lista con una excelente selección de alsacianos. Yo me decidí por una copa de Billecart-Salmón Brut, 28 dólares bien valen la pena. Burbuja fina pero poco persistente, toques cítricos y de frutos secos, con un fondo a tiza muy elocuente, como dicen nuestros vecinos del norte bone-dry seco hasta la médula. Boca amplia confirmando frutos secos, largo y de excelente acidez. Con un plato de “PRALINES” OF FOIE GRAS TERRINE , que no era más que fuagrás encima de una capa gelatinosa, resaltando sus encantos. Me trajo buenos recuerdos encontrar por copeo el Jasmin 2001, Cote-Rotie, sí con «s» Jasmin. Un vino que probé por primera vez hace unos años, precisamente en esta encantadora ciudad. Un vino muy «animal»… caza , cuero, ahumados y unas notas de fondo muy bien fundidas entre lavanda, tocino y algo mentolado, una belleza cuyos taninos son suaves y envolventes. Final eterno. Con un platillo de CREEKSTONE FARM BEEF TENDERLOIN “MIGNONETTE” hizo un maridaje sublime, aunque la porción de carne era para bebes en su etapa de lactancia.
De postre una tablita de quesos y un Huet Vouvray Clos Du Bourg 2005, demi-sec. Un vino delicioso, como pocas veces se puede manifestar la chenin blanc, que junto con los quesos no había más que agregar. Confieso que algunos quesos ni si quiera sabía que existían. San Andrés, Cremont, Llandaff y Bayley Hazen… este último un queso maduro, pero sin llegar a saturar las papilas. Todos de maravilla, rematando con broche de oro.

FIN

Edificios cubiertos por neblina…

Unos días fuera de casa visitando buenos amigos, buenas tiendas de vino y restaurantes con una oferta interesante, en ese orden. Houston es una ciudad mediana que cuenta con mucha de la infraestructura de otras ciudades de su tamaño. Después de recibir una calurosa bienvenida nos dirigimos del aeropuerto rumbo a Woodlands, una ciudad satélite a 40 minutos de Houston. Lugar de residencia de mis cuates. Debido a que ya conocen mi afición, pasamos de camino a conocer 13 celsius ubicado en el centro, en el número 3000 de Caroline. Para nuestra mala fortuna estaba cerrado. Asomándome por el ventanal se veían mesas, una barra y varias botellas dispuestas detrás. Un bar de vinos, un bistro… no lo sé, pero tenía buena pinta.
Caminamos más que los infortunados mojados que cruzan la frontera, pero todo el recorrido por las múltiples vías subterráneas en el mismísimo centro de Houston. Ya que no soy afecto a la comida en el avión, si se le puede llamar comida, lo único que ha cambiado es que ahora la cobran y en billete verde. Así que lo primero que le hice saber a mis queridos amigos fue que tenía que comer algo, porque mi cuerpo bajaba peligrosamente sus niveles de azúcar. Una baguette de jamón y queso con sus «chips» y una Coca Cola añada 2009 fue suficiente para saciar mi apetito por unas horas.

Después de llegar, desempacar, saludar a sus hijos, y recibir un tour por los arbolados alrededores, tuvieron la brillante idea de invitarme en la noche a Crush, un wine bar muy concurrido por la zona. Se trata de un lugar de ambiente relajado, una cómoda barra y una terraza donde los edificios circundantes me hacen sentir bebiendo en la zona de Santa Fe en la Ciudad de México. Gente comedida dispuesta a resolver cualquier duda, su selección de vinos no es para echar tiros, pero se pueden pedir vinos de corte moderno a un precio razonable. Cinco personas: la pareja de mis amigos junto con la hermana de mi amiga, su esposo y un servidor. Empezamos en la barra con un Dr. Loosen 2008, si bien se trata de un vinito chaptalizado, en ese momento pasó muy bien. Punto Final 06, al cambiarnos a una mesa pedimos este malbec con fruta roja y tostados de buena nariz, pero sin personalidad, en boca se muestra corto. Monte Otón un garnacha ligero y con muchos lácteos. Como suele suceder el tiempo pasó volando y tuvimos que ahuecar, no sin antes tomar algunas fotos.

¡Benditas calorías!

Al otro día fuimos a Perry´s Steak House & Grille es un lugar para quienes la carne es su alimento primordial, caso de su servidor, aunque yo diría que hay muy pocas cosas comestibles que me desagraden. A media luz, con una colección de reconocimientos elegantemente enmarcados: «Wine Spectator Award of Excellence» del 2003 al 2009, todos en fila… Quienes leen este blog saben lo poco que me importan estos «awards», sobre todo después del escándalo de Milán. El caso es que estaban allí colgaditos. En cuanto a vinos, una buena cantidad de super tintos californianos. Pero mi elección fue un australiano; Yangarra 2006, una combinación de grenache, shiraz y mourvedre. Amplio, tostadito, frutal, de tanino presente, sin ir más lejos.
La carne es excelsa; suave, concentrada, marmoleada, con la cantidad justa de grasa, estos famosos steaks dry age, o carnes añejadas, son francamente deliciosos. Fueron dos buenas elecciones para salir de casa. Esta última me ha parecido un lugar excelente para satisfacer los instintos animales de comer, o mejor dicho devorar carne carne de primera calidad. Y debo decir que la entrada de hongos capeados y no sé que otra cosita, estuvieron deliciosos.
He dividido esta entrega en dos partes, la segunda se refiere también al hedonismo puro, pero de manera doméstica, o sea en casa, en casa de mis queridos anfitriones: una carne asada y buenos descorches.