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Hace tiempo escribí algunas entradas donde trataba varios temas a la vez, tituladas: Miscelánea y Peculiaridades Diversas, en ambas llegué hasta la quinta entrega. Pues bien, hoy vuelvo a escribir sobre varios asuntos que trataré de darles coherencia y siguiendo el hilo vuelvo con el título de Peculiaridades Diversas, en este caso la VI. Estando hurgando entre los papeles de mi oficina, con cierta nostalgia emigraré a la biblioteca de casa, encontré más de un centenar de tarjetas de presentación. Hoy es raro que alguien extienda su mano para ofrecernos la suya. Prefieren las redes sociales y el Air Drop para «transmitirnos» sus datos. La selección como dije antes, es amplia, desde direcciones y teléfonos locales hasta lugares tan alejados como Argentina y Francia, vivo en México, para quienes me leen en España que les quedan a un paso los franceses.

Leo en la primera tarjeta de presentación: Paseo de compras, dos números de teléfono celulares y un correo electrónico en la parte inferior, un taxi dibujado de costado y el nombre de Daniel Abrahim Chá. Un buen hombre que conocimos la primera mañana de nuestro viaje a Buenos Aires, recorriendo con mi esposa alguna bulliciosa calle cerca del hotel donde nos hospedamos. Después de nuestra tormentosa llegada la noche anterior, cuando abordamos un taxi del aeropuerto. El chofer; un tipo (el reverso de la moneda) nos quiso estafar contándonos una triste historia sobre su pequeña hija enferma y hospitalizada desde hacía mucho tiempo. Después de dar varias vueltas en círculo, sin que pudiéramos llegar al hotel y engordando la cuenta del taxímetro. Con una cara larga quería saber si podíamos cooperar con algunos dólares para el tratamiento médico de su criatura… Daniel, un uruguayo dispuesto a llevarnos hasta el último rincón de aquella ciudad porteña, aunque debo de reconocer que tenía algunas lagunas sobre los lugares más turísticos. Un día cerca de las doce nos llevó a un bar, pensando que se trataba de un museo. Otro día le hice una pregunta capciosa: ¿Conoce la tumba de Borges..? Sí debe estar en la Recoleta… Cuando en realidad estábamos a miles de kilómetros de distancia.

La segunda tarjeta: Bodegas de los Reyes, Javier Hernández Zufía, gerente, calle de los Reyes 6. Una tienda de vinos en el corazón de Madrid. Entré una mañana solo, apenas pude ver al fondo que limpiaban afanosamente lo que quedaba de una cata multitudinaria de la noche anterior. De los vinos francamente no me acuerdo, pero no se trataba de los que encuentras en cualquier tienda.

Gabriel´s Wine & Spirits, Brian Tarver, 445 Walzem Rd. San Antonio Texas. Una extensa tienda de vinos y licores rumbo a Austin. Llevaba ya algunas botellas en el carrito cuando mr. Traver se acercó a romper el hielo. Por mi parte lo desafié diciéndole: If you have a Petrus for less than one thousand bucks, I will buy it… Ni tardo ni perezoso me trajo una 2001. Que dicho sea ya pasó a la historia en la cata 234. Hoy en día no podría comprarla por ese precio ni de broma. Y hablando de costos y precios… Acabo de leer en la página 87 de The World Atlas of Wine octava edición, de Hugh Johnson, que el costo de producción de un vino segundón de Burdeos (second growth) es de 16€. A pesar de que los «segundones» resulten muchas veces mejores que los premier cru es un negocio muy lucrativo, tomando en cuenta que hoy no bajan de 200 dólares, pongamos de ejemplo un Pichon Longueville o un Rauzan-Segla.

Caja de Ahorros del Mediterráneo, Antonio Tellez alias Bosconio. Hombre entusiasta, miembro de Verema.com al igual que yo por los inicios del año 2001, y a quien conocí tres años más tarde en la bella ciudad de Valencia. Una sabrosa charla como viejos amigos, degustando una docena de copitas, exquisitos platillos, eso sí de tamaño de dedales, y al final un puro cortado por la sumiller segundo lugar nacional de España.

Aunque aparezca en la tarjeta el nombre de Ana López Cano, Vinos Finos R. López Heredía Viña Tondonia S.A. Av. de Vizcaya 3, conocí en persona a la señora María José López Heredia. Aquí si quisiera extenderme, ya que el año anterior, 2004, había conocido la bodega pero no había tenido la fortuna de platicar con ella, tenía de visita a un grupo de esos que compran para importar varias cajas a su país. Fuimos atendidos muy amablemente en aquella ocasión pero no tuve el gusto de conocerla . Volví aquel verano de 2005 y no sólo la conocí, sino que coincidió con su aniversario. Para celebrarlo sacó de la bodega un Bosconia 1968. Agradeceré toda la vida su generosidad y aquellos bellos instantes que tuve la fortuna para charlar con ella y ser inmerecidamente obsequiado con un Bosconia y un Tondonia ambos añada 1964, año en que llegué a este caótico mundo. Todavía guardo el Bosconia para mis 60 años. Fue una tarde inolvidable.

Muy cerca de allí, en La Serna. Viñedos Del Contino, S.A. Jesús Madrazo Mateo, enólogo y parte toral de la bodega. Gran anfitrión y un buen amigo. Me acuerdo que observando pasmado el pago de Viña del Olivo, bautizado así por el majestuoso árbol que extiende sus ramas sobre algunas vides, le pregunté si podían reposar mis cenizas algún día al pie de ese olivo. Jesús me miró asombrado asintiendo. Pero yo en son de broma le dije que al final no sería buena idea que quienes compraran ese vino a partir de esa añada, se llevaran mis recuerdos en cada copa.

Berry Bros & Rudd, Wine & spirit merchants, Matthew Foster. Al leer los datos de esta tarjeta recuerdo que caminaba en medio del frío, era muy temprano y el avión salía de regreso en 4 horas. Así que caminando como dicen los ingleses down the street entré a la primera tienda. Todos sentados en sus estrechos escritorios con su diadema pendientes al teléfono. Más tarde me enteré de que se trataba de una comercializadora de vino por mayoreo. Así que seguí mi camino hasta llegar a una de las tiendas de vino más viejas de Londres, 325 aniversario hasta hace poco, más aún que el Museo Británico. No debe faltar la sección de whisky y el piso viejo de tablones de madera. Compré sino mal recuerdo un par de borgoñitas de medio pelo.

*Por cierto, unos días después de esta entrega, leyendo Churchill A drinking Life, un librito ameno y divertido sobre las andanzas de Sir Winston Leonard Spencer Churchill, me entero de que esta tienda era una de las que surtía de champán, y otras cositas al gran bebedor de Churchill.

Agricultura e Vinhos * Quinta Do Mouro, Miguel de Orduna Viegas Louro. En seguida vienen a mi mente varios recuerdos de aquel inolvidable viaje. Empecé en el congreso de Verema en Talavaera de la Reina, de allí me desplacé a Extremadura, cuyo anfitrión Antoliano Davila me llevó a conocer varias bodegas en Alentejo, Portugal. Quinta Do Mauro fue una de ellas. Día soleado y ambiente campirano, me llevé muy buenos recuerdos de esa visita, comimos en Elvas, en el famoso restaurante El Cristo un exquisito bacalao capeado, un kilo de almejas en mantequilla bañado con una garrafa de vino verde.

Joe Saglimbeni Fine Wines, 638 Rhapsody, San Antonio, TX 78216. Una tienda no muy grande, enclavada en una tranquila zona arbolada, en un vecindario de clase media. Esta tienda hasta hace poco era atendida por sus dos dueños, dos hermanos ya mayores: uno en la caja y el otro en los pasillos orientando a los clientes. Los pasillos estrechos con botelleros a ambos lados y parecidos al laberinto del Minotauro. Tienen una muy buena selección de vinos en general y champán y vinos de postre en particular. Un verdadero placer entrar y disfrutar de la selección de vinos a la vista, allí compré mi sacacorchos Laguiole de mango de cuerno negro.

Creo que habrá una segunda entrega, hay todavía muchas tarjetas que me traen buenos recuerdos. ¿Qué seríamos sin la memoria…? de la poca que aún conservo.

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Otro año más,  bajo un punto pesimista otro menos. El caso fue que nos reunimos ayer por la noche muy contentos a degustar algunos Pomerol y su vecino menor Lalande de Pomerol. Había reposando en mi bodega una botellita de Petrus añada 2001 desde hace 14 años (octubre 2005). Haciendo un poco de historia; la compré a finales de 2005 en San Antonio Texas, en una tienda con más facha de tienda de autoservicio que de vino, eso sí,  muy grande. Tienda donde francamente no había entrado, rumbo a Austin. Llevaba unas 6 o 7 botellas en fila cuando el dueño se acercó a hacerme plática. Aproveché para preguntarle si tenía alguna añada de Petrus en menos de mil dólares que me vendiera… Si la encuentra probablemente la pondré en el carrito. Y así fue. Hoy en día después de mis 55 primaveras estoy convencido de dos cosas: la primera es que todos tenemos tarde o temprano una cita con la Parca y la segunda es que disfrutar el vino sólo se puede hacer con buena compañía. Así que ofrecí mi botella a precio de ganga a mis amigos de Vino Por Placer que no tardaron en aceptar. Previo a la cata y con toda la intención de confundirlos tape las botellas con papel aluminio, y a cada vino le dedicaba un piropo, pero no contaba que el Petrus era el más viejo de los seis, así que su color y sedimentos fueron suficientes pruebas para delatarlo. Lejos de sus virtudes organolépticas, mis compañeros sacaran la conclusión de que se trataba del cuarto vino, aunque hubo quien dudo hasta el último momento. Y este fue el resultado:

El primero fue un Chateau Ferrand 2015 Fruto de las maniobras del mercenario de Michael Rolland que ha tenido a bien vivir de los consejos, a veces no tan sabios, que les «vende» a precio de oro a algunos productores no muy tradicionalistas. Se trata de un vino con cierta amalgama de piel fina y fruta roja, con un  final en boca amargo. Hay quienes encontraron algo de pimienta blanca, pero todos coincidimos en su final amargo.

Chateau De Sales 2011. Fruta negra con una notita de chocolate amargo, va de más a menos, final muy plano, nada que mueva sentimientos. Sin pena ni gloria.

Chateau Bertineau 2011. De Lalande de Pomerol. El de alcohol más alto (14) que viniendo de la manipulación  de Michael Rolland no es de extrañarse. Nariz cerrada al principio y después de mucho tiempo abre elegante, sin muchas concesiones, pero con gracia. No se trata de un vino sobre extraído ni de un vino tosco. Fruta negra, algo de especias, con otro final amargo. Repetible.

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Vinos de la Cata 234

El famoso cuarto de la noche; el tan esperado Chateau Petrus 2001. Huele a corcho, desde que lo descorché noté una capita verde, ¿demasiada humedad en bodega…? tal vez, pero un poco de aire fue suficiente para limpiarlo. Color tirando a marrón, brillante y fluido. Me gustaría hacer una lista de virtudes acerca de este vino que hay quienes dicen es el mejor merlot del mundo, pero no puedo. Cada añada, con algunas excepciones se mezcla con un 5% de cabernet franc. Redondo, algo de pastel de frutas, tanino mullido, todo en su lugar  pero nada que mueva a la lágrima que sale cuando algo de verdad emociona, tampoco bajaron los ángeles con sus arpas a cantarme al oído. Un vino que si me hubieran dicho que se pagaron 20 verdes lo hubiera creído sin problema alguno. Cada vez soy más escéptico de los vinos caros, o con los vinos que han hecho caros los nuevos ricos que habitan China y Rusia, cuando las bodegas muy complacidas  declaran la añada del siglo cada año. Este tal vez sea el último Petrus que beba en mi vida, a menos que un alma caritativa me invite una copa.  Pero no lo he dicho para levantar lástima ni para que se compadezcan de mí, porque si se trata de invitarme y dar la nota o subirse al nivel de la pedantería, está el Chateau Le Pin. Otro Pomerol  algo más escaso; ronda las 600 cajas anuales y que se produce en 2 hectáreas, ya se podrán imaginar el precio…

El quinto, y aquí se cumplió aquella sentencia de que no hay quinto malo, fue un delicioso Chateau Haut Surget 2016. Rebosante de juventud con unas notas nítidas de fruta de la mejor calidad: grosella, redondito, y quizás por encontrar un defecto; acidez justa. No sólo repetible, ya que para 500 devaluados pesos, me parece que voy por tres  botellas para estas fiestas.

El último Chateau Grand Moulinet 2014. Un vino apagado, sin fuerza que no gustó a nadie. Las notas de mis amigos: Chocolate, cereza, ciruela, y ligeramente astringente. Me parece que probaron un vino diferente o pecan de generosos.

Así concluyo, no sin antes agradecer a todos mis amigos su amistad y los buenos momentos que pasamos este año que está por concluir. Gracias Carlos por molestarte en llevar tan original y deliciosa lasaña de bacalao.

cata 218

Cadáveres de la 217

Hay catas especiales por la naturaleza de sus vinos, y hay catas con invitados especiales, dicho sea no por un simple cumplido, sino porque la plática pos-cata que se desarrolló el viernes pasado además de amena ilustra las dificultades por las que pasan los productores. Fue el caso de nuestra última reunión. Alfonso invitó a la mesa a Eduardo, productor de vino con viñedo propio en Parras Coahuila: Vinícola Las Pudencianas. Vino mezcla de cabernet sauvignon con tempranillo que más tarde comentaré.

Empezamos con un blanquito de vermentino que la podemos encontrar con varios nombres a lo largo de Italia. Belgvardo Bermentino 2014 se trata de un blanco amarillo verdoso, fluido y brillante, en boca de excelente acidez que me recuerda la piña un poco verde, hierba recién cortada. Vino jovial de acidez sobresaliente y para mi gusto abocado y frutal en boca. Bueno para estos calores de finales de primavera. Para tener un par de botellas acostadas.

El segundo Côtes de Provence Marius Peyol 2016 un rosado con tonos anaranjados cuya nariz me recordó a algún cooler que venden por sixpack, y que sin dejar de ser agradables no parece que bebamos un algo que valga la pena. Será que es muy malo o los rosados de esta región no los entiendo o ambas cosas. Inmemorable con causa.

El tercero fue el primer tinto, Crocus 2012 de Paul Bertrand, este vino viene directo de Cahors y es un malbec. Huele a fruta negra, madera nueva, acidez escasa, de tanino rugoso. Nada que me mueva a comprar otra botella.

El cuarto gustó a todo mundo, se trata de un Barbera D´Alba Sovrana 2012.  Huele al principio a granos de café y notas de vainilla, después da paso a la fruta; ciruela en sazón, pero lo mejor no es la nariz. En boca es redondo, acidez y tanino en equilibrio y de final muy largo. Un buen vino como para tener media caja y probar como va evolucionando en un par de años.

El quinto es otro Barbera D´Alba Castina Bruciata 2015, menos agraciado que el anterior, pero que a mí me ha gustado. Zarzamora, pimienta negra, hollejos y fruta roja. En boca se nota aún la juventud con unos taninos vivos, y una acidez que los atenúa un poco, final largo. Falta botella, para comprar media caja.

El sexto «rojo sangre, capa alta, dátil, buen cuerpo, tanino y acidez media, haría maridaje con cortes de carne roja» copiado textualmente de alguno de mis compañeros, ya que en este sexto andaba perdido con los anteriores y un poco distraído, la nariz no me daba para mucho más.

Eduardo Narro 2016Por último descorchamos un vino que generosamente trajo Eduardo de su bodega. Se trata de un cabernet sauvignon tempranillo. Eduardo Narro Reserva Especial 2016. Es difícil dejar los prejuicios cuando tienes en la mesa al productor, pero de todas formas no existe la objetividad. A mí me pareció un vino bastante equilibrado, no destaca el alcohol, ni el tanino, ni la acidez todo está en su lugar. Frutal y con un buen paso de boca, sinceramente es un vino agradable que puede repetirse y hasta tener unas botellitas guardadas. Por cierto que últimamente he visto con más frecuencia está combinación de uvas.

Con respecto a la amena charla pos-cata daría para escribir un par de entradas, pero me limitaré a decir que se programó una visita a Parras Coahuila en breve, eso sí, antes de la vendimia para poder disfrutar del paisaje y de cada rincón de la bodega sin la molesta muchedumbre propia en tiempo de vendimia.

Me llamó la atención que mencionara un nuevo enemigo de la vid alrededor del mundo, así como ocurrió a finales del siglo XIX en Europa. Aunque podría extenderse por cualquier viñedo, los daños en Parras Coahuila no han sido graves, se trata de la enfermedad de Pierce, causada por la bacteria Xylella fastidiosa, una bacteria  que puede sobrevivir y se multiplica en los conductos que transportan el agua en la planta (xilema). Sólo ciertas cepas  de la bacteria son capaces de infectar plantas de vid. Sin duda un problema que preocupa a los productores y que de algún modo tendrán que resolver. Hasta aquí con la reseña de la última cata.

Viernes 8 del último mes del año, noche fría. Después de atender una importante cita propia de un padre que está al pendiente de las actividades escolares decembrinas de sus hijos, y de haber escuchado tocar el piano magistralmente, y de ver bailar en escena a mi hija, me dispuse a llegar a tiempo a la cena de Vino Por Placer, grupo al que orgullosamente pertenezco y donde nos reunimos puntualmente el último viernes  de cada mes. Ahora en diciembre como muchos de quienes siguen el blog saben, sacamos los manteles largos. Festejamos en primer lugar estar vivos, con achaques propios de la gente entrada en años, pero eso sí, con buen humor aunque a veces sea un poquito negro… ¡Mejor! También festejamos estas fechas que ablandan los corazones y que en algunos casos afloran los mejores sentimientos, aunque en otros, sigan en las mismas todo el año. Y por último festejamos el decimonoveno aniversario del Grupo.

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza...

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza…

Debo hacer énfasis en el esmero y tiempo invertido por parte de nuestro anfitrión que este año ha sido René. No sólo abrió las puertas de su casa sino también las del asador, que en su interior  doraba dos tiernos lechones. Suaves por dentro y crujientes por fuera, como mandan los cánones de los buenos asados segovianos. Mi única observación fue que si rociaba la sal (gruesa) en el lomo de los cerditos, quizás la sal hubiera sido poco menos contundente, que sumergirlos en salmuera por tantas horas… ¿Veinte habías dicho? Fuera de eso exquisitos, así como también el tradicional bacalao de Carlos, receta de su abuela.

Los vinos no podían desmerecer, así que nos decantamos unánimemente por una vertical de Valbuena 5° de la añada 2006 a la 2011. Seis vinos de una bodega que lleva más de 125 años en pie y con mucho futuro por delante, todo se debe a la Vega (1000 Ha), como llaman familiarmente a la propiedad. Pertenece al grupo Tempos de Vega Sicilia que agrupa nada más y nada menos que Valbuena de Duero con los Vega Sicilia Único, Reserva Especial y Valbuena 5°. Por otro lado Alión también en Ribera del Duero, Pintia en Toro, Macán en Rioja y Oremus en Tokaji Hungría. Su enólogo estrella después del legendario Mariano García fue Xavier Auxás, responsable del resultado de estos vinos… Y el último cambio en 2015 Gonzalo Iturriaga, cuya firma no aparece en esta vertical.

La edad promedio de las viñas es de 35 años,  plantadas  en 140 Ha. La fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable con levadura autóctona, quiero pensar que viene del mismo hollejo. Tras la fermentación pasan a tinas de madera de 20,000 litros cada una, entre cuatro y siete meses. Su crianza comienza en barricas nuevas de 225 litros entre 15 y 18 meses combinando roble francés y americano, y 3 meses en barrica usada. Así como los buenos riojas, este Ribera del Duero sale al mercado como un vino ya hecho, listo para beber. Entiéndase que su evolución es lenta pero para quienes desean las satisfacciones inmediatas, lo pueden descorchar, no es así el caso de los burdeos. Por lo que pasarán 2 años más en botella antes de salir al mercado. En resumen tiene una crianza entre madera y vidrio de cinco años, de ahí el nombre de Valbuena 5°. Por último, antes de pasar a la cata en particular, está vinificado en su mayoría con tinto fino, lo que llaman en casi toda España tempranillo y una ligera proporción de merlot, dependiendo la añada.

Notas de las añadas en particular y sus condiciones climatológicas:

Valbuena 2006 al 2011

Valbuena 2006 al 2011

El primero, 2006. Se vendimió entre el 9 y 27 de septiembre. Invierno frío y lluvioso y primavera con temperaturas altas. Un vino que no parece haber salido de esas condiciones de clima, por su acidez, muy vivaracho, con evidente juventud que al probar los dos siguientes dudé en pensar que fuera el «más viejo». Fruta negra de primerísima, notas de tomillo y pimienta. En boca excelente acidez, y un tanino aún poco limado; rugoso. Como para esperar unos cinco añitos más a ver qué pasa.

2007. Buena brotación en primavera, que fue calurosa y algo de granizo. Verano algo más frío. Este vino me ha desconcertado desde el principio, al igual que a todos los presentes. Huele a granos de café tostado como cuando se deja en la copa por varios minutos, fruta negra lejana, casi ausente, en boca es planito entra y sale sin advertirlo demasiado. Falta armazón y contundencia. Según la bodega: «una añada límite y austera».

2008. Invierno seco, primavera fría y lluviosa, brotaciones tardías. Se registra tan solo 1 °C el 29 de septiembre que activa las torres anti-helada.  El primer golpe en nariz es de madera quizás no tan nuevecita como la que acostumbran las bodegas de hoy. En boca su tanino está presente y su acidez muy comedida, le falta garra. Por eso he dicho que el primero resultó más jovial que sus predecesores. Bodega: «Añada de corte Atlántico, sombría, pura elegancia».

notas20122009. Invierno frío y con heladas habituales en torno al Duero. Poca lluvia en primavera. Verano caluroso. La vendimia comenzó el 24 de septiembre y finalizó el 3 de octubre. Regaliz, chocolate amargo y notas de fruta roja; ciruela en sazón. Redondo, todo en su lugar, acidez, alcohol y tanicidad ¡Media cajita por favor.!

2010. Destaco que según la bodega: Gracias a las reservas hídricas en el suelo y las buenas condiciones del verano, el ciclo de la vid se recuperó. La vendimia comenzó el 1 de octubre y finalizó el 15.

Se ha roto el corcho, curioso que haya sido en un vino más reciente y tomando en cuenta los casi 5cm de largo de los estándares de la bodega, se halla pulverizado de tal forma. Seguro una guarda distinta a los demás; menos humedad. Pero bueno ya lo apunté en «incidentes menores»

2011. Invierno típico, primavera con temperaturas más altas de lo habitual que forzaron a adelantar el ciclo de la planta. Verano cálido con un final escaso en lluvias y buenas temperaturas que permitieron esperar el punto óptimo de maduración.  Otro corcho roto al abrir la botella. Huele a zarzamora, algo de tomillo y nuez moscada, fruta negra; arándanos. En boca es de tanino presente y falta un poco de acidez. Bebible. Así concluye este festín que por cierto se abrió al último un CUNE reserva, que parecía venido a menos junto a los dos últimos vinos de la cata. Curioso, será que ya el paladar no daba para más… Pero había que bajar la grasita del pellejo del lechón.

Por estas fechas en el estado de Puebla encontramos en algunos restaurantes de comida típica el mole de caderas. Así como sucedió en un principio con los pantalones de mezclilla que eran usados por albañiles y gente de trabajo rudo, y que hoy no sólo  se han puesto de moda entre mujeres y hombres, sino que podemos encontrar jeans o vaqueros arriba de los 500 dólares, el mole de caderas exclusivo de gente del campo, hoy se ha elevado a un platillo gourmet. Pero qué es y cómo empieza el ritual de este platillo. Copio textual un papelito que llegó a mis  manos:

El mole de caderas

El mole de caderas o huaxmole es un platillo tradicional de carne de chivo de la región de Tehuacán, Puebla.

Es considerado como uno de los platillos más importantes en los estados de Puebla y Oaxaca, debido a la prolongada crianza y cuidados en la preparación del animal – del cual se aprovecha la totalidad de la carne- y de la celebración del festival de la matanza, que acompaña y da inicio al sacrificio de animales de crianza para la preparación de los alimentos y para la posterior conservación y curado de la carne.

En la preparación del mole de caderas se emplea la carne y hueso de la cadera, condimentos a base de sal, chile y  un baño de limón para darle un toque especial, con un caldo de color rojo hervido en la carne de las caderas, y ejotes silvestres.

El sabor del platillo es característico de la carne de los chivos, que son llevados durante un trayecto que dura un año, pastando a través de las regiones del Sur del estado de Puebla, y del Norte de Oaxaca, alimentado al ganado sólo con abundantes cantidades de sal, se mantienen hidratados sólo por agua. De la práctica de este tipo de crianza se obtiene carne de un sabor fuerte y característico.

El 20 de octubre se lleva a cabo el festival de la matanza, en la que hay bailes y danzas, como la denominada Danza de la Matanza, donde literalmente se baila con un cabro macho, para sacrificarlo al final con un tiro en la frente.

Con esta celebración da inicio la matanza, no sin antes ofrecer una ceremonia por parte de los matanceros en un altar, donde se pide para que la matanza sea abundante; igual o mejor que la del año pasado. Los matanceros dan paso a los chiteros, y éstos a su vez a los fritangueros de vísceras.

Las referencias históricas señalan como fecha probable los inicios del siglo XIX, época en la que hubo un aumento  sin precedentes en la cantidad de cabezas de ganado caprino.

al mojo de ajo

Con su Guacamole y totopos al lado…

Algunos, no todos quienes formamos el grupo de catadores Vino Por Placer llegamos a El Burladero en el boulevard Atlixco. Un restaurante que sin destacar por su decorado, hay que admitir que se respira en un ambiente limpio y muy ad hoc a la fiesta taurina. Nada mejor que empezar con un par de mezcales, uno ya conocido por su servidor 400 Conejos reposado. Ese olor y sabor ahumados van muy bien con las salsas picantes y la carne de chivito, seguido de otro mezcal artesanal que no había probado: Amores reposado, algo más suave y cremoso que el anterior. Había llegado a la mesa un platillo al mojo de ajo, que como es lógico pensar, no hay caderas suficientes como para la gran demanda en esta temporada, así que deben echar mano del espinazo que no está nada mal.

Un platillo no apto para quienes padezcan de colesterol y triglicéridos altos, así como tampoco los de espíritu vegetariano.

Huaxmole

Huaxmole o mole de caderas… ¡Mmmm!

El segundo plato que fue puesto en mitad de la mesa, lo vi pasar de mano en mano sin poder hincarle el diente, y es que ir con seis personas adultas de buen apetito,  algunos de ellos sin haber desayunado, es casi temerario.  Lo bueno vendría después, ya que cada uno tendría su propio plato de Huaxmole. Un platillo caldoso que quienes saben, desmenuzan la carne en otro plato aparte, para deshacerse de los huesos y así volver a remojarlo en el caldo.

Los vinos fueron los que dieron de qué hablar, no precisamente por la selección, sino que los precios estaban completamente fuera de lugar. Arriba de 700 pesos (40 dólares) Cune crianza y cosas por el estilo, sin sumiller y con un mesero que derramada las últimas gotas en el mantel a la hora de servirlo. Nos vimos obligados a pagar algo así como 40 verdes por un par de botellas de Santa Emiliana Carmenere. Hay restauranteros que todavía no entienden que el vino debe ser un complemento y no un artículo de lujo. Por lo demás todo muy bien, como para repetir la experiencia el año que entra y volver al molito de caderas.

Renovarse o morir

Publicado: 15 mayo, 2017 en Vino y amigos

En esta ocasión quisiera sacudir un poco el esqueleto y dar nuevas formas a esto que llamo mi rincón de catarsis, he caído sin proponérmelo, en una retahíla de repeticiones y monotonías que por lo menos a mi  ya me tenían separado de Gota a Gota. Quisiera con ánimo renovado seguir escribiendo por otros derroteros. Tampoco se trata de inventar el hilo negro, sino de darle un poco de sal y pimienta a algo que carecía ya de originalidad y de espíritu, si es que algún día tuvo algo de ambas cosas. Los últimos cuatro años me he dedicado más a la lectura que a la escritura, aunque debo confesar que he escrito dos libros, cuyos lectores han sido aún más escasos que quienes pasan por este lugar. Pero al final lo importante, y parafraseando a Borges: no es cuántos te lean sino el hecho mismo de escribir aquello que surge de tu interior.

Venía masticando el proyecto de escribir un libro mucho tiempo atrás, y surgió no sólo uno, sino tres, y eso ha hecho que me quitara un gran peso de encima. Así que sin más preámbulos escribiré mis «ensayos» en este blog, tal vez con más frecuencia pero sin apresuramientos. A estas alturas quienes me leen sabrán que cato seis vinos mensuales con un grupo de buenos amigos, así que pensé que seguir de manera cronológica cada una de las catas es ocioso, ya que no siempre suceden cosas dignas de contar.  Cuando surjan estaré detrás del teclado contándoles a todos mis amables lectores, de otra forma podría caber la posibilidad de que este rincón haya entrado irremediablemente en plena decadencia, y sólo quedé en mis recuerdos, como tantos otros sitios (blogs) que se han resquebrajado y empolvado con el paso del tiempo hasta desaparecer del infinito mapa de internet.

piper

Se pueden apreciar los efectos de la humedad en las etiquetas de Clos de la Barre y Haut Brion  (segunda y cuarta de izquierda a derecha respectivamente)

Como cada año, se rompe el cochinito; el guardadito de todo el año y se compran botellas a la altura de una gran celebración. Esta vez Burdeos brilló en la mesa y dispusimos unas cuantas botellas con excepción de un espumoso, y un borgoñita de mucho copete.

Por primera vez se cambió la sede de la reunión, gracias a la hospitalidad de Oswaldo. En una amplísima terraza nos reunimos para descorchar estos grandes vinos. Empezando por un Piper-Heidsieck Rosé Sauvage, con una generosa proporción de pinot noir (50%) 20% de pinot manier y el resto chardonnay. Bastante discreta, posible señal de una mala guarda, o de un infame transporte en los meses veraniegos. El caso es que no muestra la fruta ni la burbuja como debería, sin dejar de ser agradable pero sin cautivar. La segunda botella es sin duda uno de los borgoñas más apreciados de su servidor: Clos de La Barre 2006 de Louis Jadot. Un vino encantador que nos remite a lo más prestigioso de la Borgoña, un pinot maduro, aunque muestra todavía signos de juventud, con su acostumbrada acidez y frutalidad en primer plano. Profundo y complejo, con notas de trufa, de las que sacan los cerditos adiestrados en la campiña Toscana. Como para tener varias cajas guardadas, lástima que ésta sea la última botella.

Chateau Mouton Rotchild 1998. El primer año que la bodega muestra en la etiqueta una obra de un pintor mexicano, «Brindis por» de Rufino Tamayo. Una botellita que llevaba ya varios años empolvándose en su nicho y que esa noche salió a la luz. Algo austero al principio, cerrado como una lápida, y que con el aire fue dando fruta negra, mina de lápiz y notas especiadas. Robusto, barroco. Falta vidrio, aunque muestra ya desde ahora sus encantos.

Chateau Hcata-navidenaaut Brion 1999. Una botella reservada para larga guarda, pero que he decidido sacar a la mesa por la ocasión y por razones de guarda; la cava no ha sido reparada y temo que la temperatura arriba de los 21°C  provoque una evolución poco previsible. Junto a Latour y Margaux, de mis burdeos preferidos. Un vino profundo de colores ocre, brillante. Huele a trufa, paja mojada, cuero, fruta roja. En boca sorprende la acidez, de tanino muy discreto y largo, muy largo.

A mi nadie me quita de la cabeza que los grandes vinos con el tiempo, bien guardados, van pareciéndose unos a otros llegando a un final en común. Suena poco ortodoxo y quizás mucha gente no coincida, pero aún así sigo pensando lo mismo.

Chateau Lafite 2001. Desde el 2000 en adelante muchas añadas, quizás demasiadas, se han calificado como excelentes, y el precio ha subido hasta las nubes. Quizás también por la sed de mercados emergentes como China y Rusia ávidos por comprar vinos de renombre que han provocado irremediablemente este fenómeno. 2000 para Lafite fue un año con un porcentaje de cabernet sauvignon poco frecuente: 93.3% y el resto merlot. Michael Broadbent en una prueba de barrica en marzo de 2001 vaticina: Great Wine whit a long life ahead. Predicción nada rara tomando en cuenta las esperanzas y la ansiedad de la gente ante el hecho de ser la primera añada de este siglo. Cabe aclarar que esta botella fue una donación de Gabriel, botella que disfrutamos todos en la cata decembrina. Gracias.

Siempre habrá un buen motivo para reunirse a probar una copa de vino, en esta ocasión no fue la excepción, se trató de la inauguración oficial de  la cava de un amigo. Miguel la ha nutrido con algunas botellas que quitarían el hipo a cualquier buen aficionado.  La mesa dispuesta in situ, dentro de la espaciosa cava, ocho asientos alrededor de la mesa. Previa selección de un servidor que me decanté por Burdeos y también algunas cositas que sonaban interesantes. Me pareció buena idea hablar antes sobre el génesis del vino, tanto desde el punto de vista antropocentrista  como del que me parece menos preciso pero más veraz.  El segundo habla de Pangea, hace 500 millones de años, cuando la Tierra estaba formada por un solo continente. Desde donde aparecieron los primeros restos de semillas fosilizadas de Vitáceas, porque  debemos reconocer que desde que apareció un racimo colgando de la primera planta, y  éste fermentó, hubo vino. La intervención del Hombre fue mucho después en Mesopotamia, 8000 a.C. Posteriormente pasó a los egipcios, y más tarde se diseminó a toda Europa gracias a los romanos. Haciendo su última escala en El Nuevo Mundo (siglo XVI)  Aunque ya había algunas uvas silvestres, no se vinificaban aún.

CATAMIGUEL

Priorat, Burdeos y La Toscana… Presentes en la Cata de Miguel

Ya en la cata probamos el primer vino: Finca Dofi 2005, de Álvaro Palacios. Este Priorat se presentó al principio  bastante impetuoso, parece que once años en botella no son nada. Puede que decantarlo media hora antes sea una buena idea. De capa alta y de color granate. En nariz presentó aromas de fruta negra: ciruela, zarzamora y una nota mentolada como bien señalaba Héctor. En boca tiene una excelente acidez que le augura una evolución lenta, con un tanino bastante presente. Como para otros cinco años más.

Duetto 1997. Seguro se preguntaran qué hace un vino mexicano dentro de este conjunto. Este vino que al principio fue un proyecto entre Wente (Livermore Valley) y Santo Tomás (Baja California), me parecía a mi el mejor vino de México en esa época, y esta añada era digna de muchos elogios. Hasta el momento no me ha defraudado, después de 19 años ha envejecido como los grandes.  Estuvimos frente a un vino maduro que huele a cera y barro, algo de pacificados. En boca excelente acidez y de tanino muy limado. Está empezando a bajar de la cima, aunque no podría estar seguro del todo  tomando como referencia sólo esta botella. Por fortuna me queda una más en casa.

Château Pape Clément 1975. Bautizado por su propietario,  el mismo papa Clemente V en 1305, cuya calidad demeritó al final de los setenta y que después de 1985 volvió a  sus glorias pasadas. Para mucha gente cualquier vino de más de quince años es vinagre. Quizá no han entrado en el mágico mundo de los placeres sensoriales sin estridencias ni voluminosidades  de los vinos sobre extraídos y dotados de alcoholes arriba de los 13,5. (aunque algunos más alcohólicos están  integrados). Es cuestión de ponderar la elegancia y la profundidad y abrir los sentidos a los susurros de los vinos maduros. Hoy en día acostumbrados a los placeres inmediatos, sin ningún recato para esperar a que el vidrio haga su magia, claro está que sólo con vinos que evolucionan por décadas. Un vino que a medida que corrió el tiempo fue abriendo, pero que sin duda ha pasado su mejor momento. Huele a capuchino, notas de frutos secos y uvas pasa. En boca es fluido y ligero, buena acidez y final corto.

Château Léoville-Barton  1982. Propiedad comprada por Antony Barton en 1826. Cuenta con 48 hectáreas y una producción de 25,000 cajas, 50% barrica nueva. Color terracota, va de menos a más, con un final diluido. Un Léoville-Barton cuyo linaje y excelente añada podía hacernos pensar en cosas mejores. Ni pena ni gloria.

Château Lynch Bages 2003. 90 Ha y una producción de 46, 000 cajas, fuera del promedio de los grandes Burdeos que rondan las 25,000. Un año difícil en Europa en general, con mucho calor y humedad, dando vinos muy alcohólicos y de poca acidez. Una sorpresa ya que este vino huele a dátil, vainilla, quizás por la barrica, balsámicos y algo de fruta roja. En boca es expresivo y frutal, un punto de alcohol y de tanino muy presente. Repetible.

Gaja Barbaresco 2003. Este italiano sin duda es un vino típico de esta añada, fruta madura, muy madura, mermelada de cerezas, arándanos, exuberante y de alcoholes altos, se percibe también la madera y tiene un final largo,  acidez justa que le da cierto equilibrio a todo el conjunto.

 

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964. Al final se abrieron tres vinos más, sin duda es una de las mejores añadas del siglo pasado, y no me canso de repetirlo. Se presentó con mucha dignidad luciendo una corona. Recién llegado de España y al parecer herido de muerte, con la cápsula chorreada y  un nivel por debajo del hombro. Miguel dudaba que estuviera en condiciones de beberse, o mejor dicho de disfrutarse. Por mi parte puedo decir que fue todo lo contrario; el mejor vino de la noche, y el que más disfruté. Un viejo que susurra sus grandes secretos al oído con aplomo y señorío. Huele a bosque bajo, algo de trufa y ahumados con notas muy sutiles de vainilla. Buena acidez y tanino mullido, con un final largo. Una joya para ser el vino más viejo de la noche.

Hubo otro español, del que no tomé nota, pero que seguramente no levantó suspiros… Por último:

Château Montrose 1998. Al descorchar este vino me di cuenta que tenía doble cápsula, algo sumamente extraño, que bien nos podría llevar a dudar de su autenticidad. El caso es que confieso que es la primera vez que me sucede en más de 20 años en estas andanzas de descorchar botellas. Un vino bastante hecho, el vidrio ha limado sus asperezas y presenta buena fruta, acidez y tanino. Todo en su lugar, cenando una deliciosa baguette y una fresca ensalada. Así llegó el final de esta inolvidable velada, agradezco al dueño de la cava y a todos quienes me permitieron un poco de su tiempo al escuchar todos los disparates que acostumbro decir en estas reuniones.

Conforme pasa el tiempo tengo la fortuna de poder darme cuenta de que la vida se trata de amigos y de pasar buenos ratos, los mejores recuerdos que llevamos en el alma. En el 2004 visité España acompañado de mi esposa, conocimos viejos amigos. Sí, viejos amigos… Si por algo vale la pena el Internet es para conocer amigos. Sé muy bien que diariamente se realizan millones de transacciones comerciales y operaciones bancarias, entre otras, pero nada comparable como conocer a gente con el mismo espíritu y compartir las pasiones, como el vino. En aquel viaje conocí a mucha gente con quien ya intercambiaba por el foro de Verema mis puntos de vista y que conocía muy bien.  Desde el primer día que me presenté en persona, parecía que llevábamos toda una vida siendo vecinos.

Después de Valencia, donde conocí a la mayoría, me dirigí al norte: a Porrera en Cataluña para visitar La Tena, finca plantada con garnachas leñosas de mis amigos Dominique y Paco. Si no son centenarias, poco les falta. Después visité Haro donde nos hospedamos. Visitamos Contino en La Serna donde conocí a su entusiasta enólogo y mi buen amigo, Jesús Madrazo. Al final de un día pleno de recuerdos entrañables y de comer como Dios manda viendo el panorama desde lo alto en el restaurante Marixa en Laguardia, tuvo la generosidad de regalarme dos botellas de su bodega: Contino Selección Jesús Madrazo 2001. Una de ellas con dedicatoria a mi hija que por aquella época era una niña. <<Quiero que conserves esta botella hasta que tu hija cumpla dieciocho años y pueda bebérsela sola>> me advirtió Jesús. Pues como suele pasar en el impredecible futuro, no sucedió así, mi hija ya rebasó el plazo sin que hubiera podido descorchar con ella  la botella sino hasta el día de ayer. Celebrando en ocasión especial, cenando con mi esposa, rodeado de todo tipo de entradas sabrosas. Con el vino como protagonista y sin que hubiera maridajes ni cosas por el estilo.

CONTINO ETIQUETADebo confesar que a juzgar por la etiqueta, por un momento,  tuve la falsa impresión de que la botella estaba del otro lado de la cima; en proceso de descenso. Para mi sorpresa estaba espectacular. Una nariz intensa a eucalipto, bosque bajo y fruta negra de la mejor calidad, notas de trufa y pimienta negra. En boca fue de menos a más, entra discreto para ir crescendo con un final largo y de notas minerales. Sus taninos vivos y una acidez digna de los grandes riojanos. Una vez más confirmo el enorme trabajo realizado por Jesús tanto en el viñedo como en la bodega.

Esta ha sido la última botella que conservaba de aquel encuentro. La primera la descorché el 31 de diciembre de 2012, en la cena de año nuevo. Me resulta interesante leer mis impresiones en aquella ocasión, no cabe duda de que era un vino mucho más joven y que el tiempo lo ha redondeado, me parece que estos casi cuatro años en vidrio han servido para una evolución más profunda, con excelentes resultados.

Otra botella memorable que quedará en mis recuerdos para siempre.

Felix 2007  Últimamente ha llegado hasta mi mesa una que otra botella que merece la pena comentarse. Diana encabeza una distribuidora de vinos, su trabajo lo ha hecho con mucho esmero y se nota. Aunque debo decir que los  buenos vinos no siempre llegan de la mano de los más comerciales, diría que casi siempre sucede lo contrario…  Comercial:  palabra que puede provocar urticaria a los más ortodoxos, o de menos erizarles los pelos.

Invitado a la mesa a compartir pan y vino, por un alma generosa, me tocó escoger el vino en un restaurante de  cortes argentinos. Yo andaba buscando un Cune crianza, para no romperme la cabeza y tampoco abusar de mi  anfitrión, sé que podría haberme decantado por un malbec bebible, pero no lo hice. Al no encontrarlo, un joven  sumiller se acercó a la mesa para  recomendarnos el Envite, cuya añada he olvidado y no aparece en la foto,  aunque tengo la sospecha que era 2012.  Un vino muy vivaracho, con mucho nervio. Huele a ahumados, fruta  negra y tomillo. Boca frutal y con un ligero cosquilleo en el paladar, excelente acidez y tanino mullido. Sin duda  un riojanito que volvería a pedir. Hasta después me enteré de que lo distribuye Diana Doblado, así que no pierdo  las esperanzas de hacerme de unas cuantas botellas.

Días antes visité a un amigo y su esposa, que generosamente nos invitaron a un servidor y a mi familia a comer un lechón a la Luján o chancho con cuero, como le llaman en el Cono Sur. Mi amigo es una persona muy meticulosa en todo lo que hace, así como un enamorado de la cocina y del buen vino. Ese día aprendí qué debo meter como combustible en un asado; cómo se debe preparar el carbón antes de… aunque yo no cuento con todos los instrumentos necesarios.<<Primero preparó la madera en este «horno confinado por tabiques» para que pasen a ser carbón, y así echarlo al asador…>> Me iba diciendo Mauricio, al mismo tiempo que se disponía a descorchar una botella. Prepara una salsa con la que lo marina: punto clave. Estuvo delicioso. Pero además tenía unas mollejas curadas en leche, que posteriormente puso en el asador. Debo confesar que a pesar de que soy un troglodita profesional, hay cosas que se resiste mi cuerpo a comer, como son: las menudencias, tripas, ojos y lengua trátese de la bestia que se trate. En este caso me tragué mis palabras, y el taco con mollejas y salsa recién preparada estaban para chuparse los dedos.  Todo bañado con un Felix «Blend» 2007. 73% malbec, sin mencionar la otra parte del «blend»… Quince meses en barrica de roble francés. Un vino frutal que maridó de maravilla con una tabla de quesos, unas aceitunas negras traídas de Turquía y miel flanqueado por un trozo de panal. ¡Gracias a Dios! que todavía hay gente que se trata como Dios manda. Los seres humanos que se precien de cierta sensibilidad saben que nos diferenciamos de los animales «irracionales» porque los hombres somos los únicos seres de la creación que comemos sin tener hambre, simplemente por el placer de disfrutar de una buena compañía, una copa de vino, y un buen plato de lechón a la Luján. Crujiente por fuera y suave y delicioso por dentro, con diferentes salsas, entre ellas chimichurri.

La segunda botella: Diosa Vid del mismísimo Valle de Guadalupe, donde mi anfitrión me contaba que empieza a participar de la producción de esta bodega. Un vino con carácter, frutal, excelente acidez, tanino maduro con notas mentoladas y muuuy largo. Una delicia, con su notita mineral. Una vez más compruebo que la mejor materia prima, con una buena charla entre amigos y una buena copa de vino, es la mejor forma de pasar un sábado por la tarde, y guardar en nuestra memoria estos pequeños momentos que hacen la gran diferencia en nuestras sufridas vidas.

TabiquesChenchoAsado