El cielo está despejado, sólo hay algunas nubes en el horizonte que apenas asoman enmarcando el paisaje sabatino, El clima es templado, el termómetro marca 19°C a pesar de que no se han dejado sentir las lluvias como deberían en este mes. La reunión del pequeño grupo de amigos cercanos apunta a un opíparo festín, aún con mejores vinos. Los inmaculados manteles blancos bordados a mano lo presagian. Al fondo un grupo tocando Jazz, con una vocalista de voz angelical, a un nivel audible pero que deja hablar y escuchar de un lado al otro de la mesa. Mi esposa preparó unas tiras de atún con algo de cítricos y cilantro, del otro lado en la mesa hay una rica fuente de mariscos frescos con una espesa salsa cremosa secreto legendario de la abuela. Todo acompañado de una exquisita ensalada con varios tipos y colores de lechuga, palmitos y tomates bañados de aceite de oliva extra virgen con trufa. Como plato fuerte un lechazo de cordero al horno, en su punto, crujiente por fuera y suave por dentro, como guarnición; papa al horno con crema agria y trozos finamente picados de tocino y cebollín. La papa no puede faltar en mi dieta.
De la cava sale un Tondonia Blanco 1964 y un Puligny Montrachet Louis Jadot 1996, para acompañar los primeros platos, no sin antes descorchar un Pol Roger Rosé 1998 para el brindis. Pensando en el maridaje del lechazo, he escogido un La Tâche 1988, que ya debe estar entrando a la madurez…
Perdón, pero la abstinencia de carne roja y vino tinto me han hecho alucinar, además soñar nada cuesta… Llevo diez días portándome como un angelito, los cristales de ácido úrico son historia, pero no quiero abusar. Mañana. Mañana será otro día, es día del padre, nunca lo había esperado con tantas ansias… pero si he de pecar debe ser con algo que valga la pena. (continuará)
Un paseo por la tienda local de vinos, para hacer tiempo más que para abastecerme de botellas, me ha dejado sorprendido. No precisamente por alguna oferta novedosa de las que me gustan, sino porque todavía no entiendo quién paga más de $100.00 por un Beaujolais Nouveau. En este caso piden el doble, y en otros lugares se atreven a pedir más.
Georges Duboeuf es el promotor de esta fiebre por comprar el beaujolais en el mes de noviembre y consumirse lo antes posible, ha creado el mecanismo perfecto para que la gente consuma un vino de manera irreflexiva, expedita y sin importar su precio.
¿Qué es un Beaujolais Nouveau? El término original fue Primeur (producto joven) cuyo auge aumentó poco después de la Segunda Guerra Mundial cuando se necesitaba de vino sin tener que pasar por procesos de crianza largos. Hoy ha quedado la costumbre de sacarlo a la venta después del tercer jueves de noviembre.
La palabra beaujolais procede del pueblo llamado Beaujeu en el siglo X. De manera común esta región es considerada dentro de la prestigiosa región de Borgoña, aunque la variedad utilizada sea la gammay. Para mucha gente se trata de una uva poco tánica cuyos vinos se beben jóvenes. Sería injusto clasificar los vinos de esta región bajo un mismo parámetro, sólo hay que recordar que los diez Crus son vinos que pueden evolucionar y ser más complejos, algo de lo que no nos tienen acostumbrados aquí en México, con la mayoría de ofertas de los beaujolais básicos.
Los Cru de Beaujolais son diez: St-Amour, Juliénas, Chénas, Moulin-Á-Vent, Fleurie, Chiroubles, Morgón, Regnié, Brouilly y Cote de Brouilly. Hace unos años probé un Moulin-Á-Vent, Remoissenet Pere & Fils 1966 un vino que me dejó gratamente sorprendido, y pude entender que la gammay tiene materia de sobra, no sólo para los Beaujolais Nouveau y los Village, sino para guardar por algún tiempo algunos Crus con excelentes resultados.
Recién desempacado de Acapulco lo único que concluyo es que será mejor para la próxima llevar el vino y las copas desde casa. Me sorprende la limitada oferta de vinos de Casa Palacio en comparación con Palacio de Hierro de Perisur, la tienda que más conozco de todas. ¿Estarán en lo correcto al pensar que la mayor demanda de vinos de calidad está en la Ciudad de México? Yo dejaría esta pregunta en el aire, ya que tengo mis serias dudas. Es que además la paupérrima oferta no llega ni siquiera a la quinta parte de la Ciudad de México, predominando los tintos, aunque esto último no me extraña en lo más mínimo.
En esta ocasión no he visitado la Europea pero puedo decirles que es la mejor opción en este puerto del Pacífico. La oferta culinaria en la zona nunca ha sido como para echar tiros, conocimos el Forno di Gio, un restaurante italiano que sin mirar los precios es aceptable, pero una vez que traen la cuenta las pretensiones a la hora de cobrar son exageradas. El vino de la casa a $95 la copa, lo sacan de una pequeña barrica, aún así no está mal. Yo me imaginaba chupando una duela recién barnizada.
En muchas ocasiones el vino es el protagonista de la tarde, y en segundo lugar la comida. De manera intencional hoy a quedado de manifiesto lo anterior. Bajé a la cava y he sacado de su nicho el único chinon que quedaba. Se trata de Les Granges 2007, de Bernard Baudry. Hermoso color carmín. Nariz muy sugestiva a ciruelas y grosellas maduras con notas de casis, tamarindo y barro. En boca es suave de acidez perfecta, trago sedoso y amplio a la vez. Por lo regular para mi la comida pasa a segundo término cuando tengo en mente sacar alguna botella a la que le tengo ganas de tiempo atrás. No sé si sería capaz de descorchar un Rutherford de Napa con sardinas en tomate… Pero tampoco creo llegar a esos extremos. El caso es que hoy sábado mis hijos han pedido por teléfono dos pizzas: una preparada con peperoni y tomate, y la otra con jamón y piña, nada menos que de Dominos Pizza, la compañía del eslogan de los treinta minutos… Además la han pedido de pasta gruesa, sólo faltó lo del doble queso. Sin duda por esta ocasión como en muchas otras el protagonista ha sido este chinon de ese hermoso valle. Pero ambas partes hemos tenido lo nuestro, yo me conformo con el vino y ellos con la pizza.
Hace unos días, con motivo del primer aniversario de este blog, descorché una de las pocas botellas que me quedan de Duetto 1999. Cuando tenía pleno derecho a llamarse Duetto, refrendando aquel maravilloso 97. Sorprende su juventud, con mucho polvo en la etiqueta, polvo del que estoy muy orgulloso ya que es testigo de la esmerada guarda de este gran vino mexicano. Que para muchos amigos no es ninguna sorpresa que sea mi preferido, por mis múltiples comentarios en verema.com. Esta botella muestra signos inequívocos de juventud, aunque también reconozco que ya se puede disfrutar. Al quedar dos botellas más en la cava, podré seguir su evolución. Cómo olvidar aquella gloriosa botella de Duetto 1997, que Valente, el Doc., descorchó cuando lo visité en Tijuana.
Luigi Bosca, recuerdo esta bodega en general y su delicioso chardonnay en particular. He probado y guardado muchas botellas. Un vino que disfruté en varias ocasiones y que compartí en mi mesa y en otras con muchos buenos amigos. ¿Pero después qué pasó…? Es la pregunta que ha quedado en el aire y que se repite en mi cabeza. Después de probar la añada 2000 y uno que otro 99, encuentro cambios significativos y no muy de mi agrado. Para la mayoría, el aumento de 0.5° de alcohol no es nada, pero para mi paladar ha sido determinante, mi memoria olfativa no es muy prodigiosa pero al final mis recuerdos no me remiten a aquellos vinos que tanto disfrutaba, con su propio carácter a precios comedidos.
PX Fernando de Castilla
Es domingo, un fin de semana largo por el puente, así que bajé a la cava a buscar un blanquito. Curiosamente era el único Luigi Bosca que quedaba. Chardonnay 2004. La curiosidad me venció y me lo he bebido con mi esposa y demás miembros familiares. Dorado, espeso con aromas tropicales a piña cristalizada al principio, paja mojada y notas anisadas. En boca es amplio, y el aire lo hace más agradable que en un principio, debo reconocer que sus 14 grados de alcohol podrían notarse mucho más en esta tarde de primavera, aunque su entrada todavía no es oficial.
Café y de postre un PX Fernando de Castilla: Higo, licor de café y menos notas de caucho que en otros PX. Me parece que es una buena opción para quienes vivimos en México y no contamos con el exquisito y económico PX de Alvear.
Hoy es un día movido para mí: Cata en la noche y alguna que otra cosa interesante que comentar. He leído como cada viernes el periódico Reforma. En su sección Buena Mesa aparece el señor Gerschman reconociendo la larga carrera del periodista y crítico de vinos español José Peñin, a raíz de su reciente visita a tierras aztecas. Por mi parte nunca he leído su revista y sus puntos sobre los vinos que califica, tampoco son mi guía. Pero sí tengo un libro de lo más ilustrativo y uno de los que no prestaría jamás. Ya aprendí la lección. El Vino, publicado por Ediciones Orbis en Barcelona, curiosamente no aparece el año de su publicación, aunque a juzgar por las fotos y el estado del libro, debe tener unos quince añitos como mínimo, así que razón de más para no prestarlo; no creo que lo encuentre hoy en día. Mucha información sobre el viñedo, la vid, los suelos, clima, conducción de la vid… información que no he encontrado en otras publicaciones, y mucho menos explicada de forma tan sencilla y amena.
A Peñín se le ha calificado de ser imparcial en sus juicios, pero… a qué famoso crítico no se le ha tachado de ésto. Su visita estuvo acompañada de Mr. Georg Riedel. Una cata en Palacio de Hierro con vinos de la talla de Vega Sicilia y Pichon Lalande… ya se podrán imaginar.
Gerschman también escribe en su columna sobre la maduración alcohólica (azúcar) y la fenólica, añadiendo un término que yo francamente nunca había escuchado; «dulcedumbre» refiriéndose a las maduraciones extremas, dando vinos «dulces». Afirma que: «el paladar de los mexicanos se inclina a lo dulce, la dulcedumbre puede ser complicidad entre el productor y el consumidor» (…). Estoy de acuerdo, a los mexicanos nos gusta lo dulce: agua de frutas, horchata, jamaica, tamarindo y los tan consumidos refrescos, repletos de gas y azúcar. Aunque esta dulcedumbre la entiendo como una nota de tanino dulce y no como los vinos dulces naturales o de azúcar añadida o chaptalizados.
Por último les comento que la ciudad de Cuernavaca se vestirá de gala al recibir a un buen número de chefs y sumilleres que deleitarán a sus comensales en diferentes restaurantes de la ciudad. Food & Wine Morelos. Promete y promete mucho. Yo ya me apunté para una cenita-maridaje con mi esposa y unos amigos. Después les cuento. Por ahora debo revisar que todo esté en su lugar para la centésima vigésima séptima cata.
La foto es de un viaje reciente, pero bien podría ser la foto del deseo, del deseo emergido un viernes como hoy, una copa de blanco, sudando a la orilla del mar, acariciada por la brisa salina.
Después de escuchar por la radio lo que se avecinaba en la Ciudad de México durante la conmemoración del trasnochado 2 de octubre, entre otras marchas ya habituales, me vi forzado a cancelar una importante cita. Cosas que ya son rutina en esa ciudad gracias al amparo, y me atrevería a decir, al estímulo y apapacho del gobierno del D.F. Hasta aquí con mi comentario. No quiero empeorar mi úlcera con cuestiones de politiquería de bazofia, que ya ha habido bastante esta semana.
Río de Janeiro será la sede de las Olimpiadas del 2016, Madrid quedó atrás, no sé si lamentarlo o no, ya que de todas formas no tenía pensado ir a ninguna de las dos. Confieso que la muchedumbre me causa urticaria, y mi billetera está muy flaca, aun cuando sean reales y no euros.
Es viernes, viernes de marchas y manifestaciones estériles. Qué beberé, porque eso sí, un buen vinito debe caer en la mesa los viernes. Hoy habrá que descorchar algo, un Borgoñita blanco. Sí. Hace calor.
Hablando de lo que me ocupa en este espacio, que es el vino: a raíz de un problemita eléctrico con el motor de mi cava, por la mañana me comentaba una persona dedicada a la instalación de aire acondicionado y sistemas de refrigeración, que había instalado un sistema en una de esas pocas bodegas de gente extravagante que no sabe qué hacer con su dinero. Bodega enorme con triple sistema de refrigeración monitoreada por computadora, que permite estar al tanto de la temperatura y humedad en tiempo real desde la oficina o cualquier rincón; teniendo un teléfono celular con internet a la mano, además de otro sistema muy novedoso que da de baja en automático dentro del inventario las botellas que salgan del botellero, etc. A medida que me contaba mi nivel de curiosidad y asombro iba en aumento. Existen cavas como la mencionada, cuyo límite no está definido por el precio; es un capricho, un capricho caro más que una necesidad real. Hoy tengo otras prioridades. No niego que debe ser emocionante y a la vez deslumbrante meter amigos a esa cava y preguntarles qué vino quieren, sin necesidad de tronarse los dedos si es que se deciden por el Romaneé Conti 64 o el Cheval Blanc 47… Al fin que todavía quedan dos cajas más.
Entrando en cordura pienso que lo más importante es tener amigos con quien poder disfrutar una buena botella de vino, amigos que sepan apreciar y que no leviten al oír Petrus, sino que lo hagan con una botella que yo no haya tenido que hipotecar la casa; de un productor artesanal amante del terroir difícil de conseguir, extraída de una cava con el piso de gravilla sin tantos reflectores, y servida con esmero y hasta con cariño ¿No lo creen así…?
Ocho años, cinco meses y tres días estuvo esta botella reposando en la oscuridad de la cava. La última botella que me quedaba de tres que me regaló mi amigo Carlos. Traída de Israel, cuando él viajaba con cierta regularidad a esas tierras. La bodega; Golan Heights Winery, Yarden Cabernet Sauvignon 1997. Un vino brillante entrando a tonos marrones. Fruta negra en sazón con notas de pimiento y eucalipto, por momentos parece un buen cabernet de Rutherford. Maduro, redondo de taninos mullidos y excelente acidez. Da gusto guardar una botella por años, con estos resultados.
Buscando información sobre la vitivinicultura en Israel, me entero de que Golan Heights es una de las principales zonas de producción, ubicada entre los 1000 y 1200 metros sobre el nivel medio del mar. Otras regiones son: Galilea, Samaria, Samson y las colinas de Judea. La producción en ese país a principios de la década del noventa era de entre 130 mil a 160 mil hl. Sus principales variedades de uva son: cabernet sauvignon, merlot, sauvignon blanc, chardonnay, y la riesling, que francamente no sé que resultados pueda tener en esas tierras.
Durante mis cortas vacaciones en la playa, comencé a releer un libro que había leído a la mitad hace un par de años. A quienes les interesa estudiar los orígenes de la vitivinicultura es un libro obligado: Ancient Wine, de Patrick E. McGovern. Interesante saber que de las cien especies de vides silvestres, que crecen en Europa, Asia y Norte América, una, la Vitis Vinifera L. Sylvestris fue la que dio origen al 99% de las variedades de uva que hoy se vinifican. Existe evidencia arqueológica de plantas trepadoras llamadas Ampelopsis, vides primitivas que datan de hace 500 millones de años, cuando los continentes formaban uno solo, llamado Pangea. La intervención humana tiene poco tiempo, aunque existen vestigios de cerámica, los más antiguos son vasijas en forma de mujeres embarazadas de 26,000 años de antigüedad en Dolni Vestonice, República Checa. Es difícil determinar si los restos orgánicos encontrados en las primeras manifestaciones de cerámica son exclusivos del vino. Aunque no se puede afirmar de manera científica, tampoco es difícil pensar que esas uvas primitivas hayan sido recolectadas para su consumo posterior, y que en algún momento hayan fermentado dentro de las vasijas.
Por último leía ayer una noticia de esas que llaman la atención: Un Banco italiano otorga créditos a los productores de queso parmesano; dejando los pesados quesos en garantía. Meditándolo un poco, la idea no es tan descabellada, ya que el queso necesita dos años para su añejamiento, así que en una bóveda climatizada los apilan, y al término vuelven a manos del productor al saldar su crédito, o el Banco se queda con el queso. Aquí la nota. A esto le llamo flexibilidad y mucha visión.
Con esta entrega concluyo las «Misceláneas» ya que eso de la numeración en números romanos se me complica después del cinco. Empiezo con otra serie de entregas cuyo título será: «Peculiaridades diversas I, II y así… Escribiendo de todo un poco.
El domingo pasado fue de paella. Paella que yo mismo preparé. Un verdadero placer la cocina, desde el momento que salgo a comprar la materia prima, hasta que coloco la paella ya lista en la mesa. Como en España, México tiene muchas variantes, hay quienes hacen gala de su originalidad agregándole: chistorra, alcachofa, cangrejo, baby pulpo, salchichas…hasta un chorrito de Corona en el último hervor. Para mí también es una referencia muy concreta de por dónde vamos con la inflación, en cada ocasión que hago las compras para prepararla, se incrementan los precios, y me veo en la penosa necesidad de sacar de mi cartera un poco más de los devaluados pesos. Pero esos son temas económicos que no se antojan en domingo.
Caminando por el pasillo de los vinos me sorprendió ver el legendario Conde de los Andes, con una nueva cara, muy reformadito, ha dejado atrás aquella vetusta etiqueta aunque todavía conserva la mallita dorada. Pero aún me sorprendió más su precio que no llega a los $180 pesos, algo así como 10 euros. Se trata del Gran Reserva 1999. Un vino que habla muy suave, es sutil, con una marcada acidez, al principio raya en lo plano, aunque también debo reconocer que estaba más frío de lo debido. Con algo de calor empiezan los aromas a tabaco rubio y cuero. Un vino correcto, que además maridó muy bien con la paella.
Hablando de vinos pasados, pasados en el tiempo y no porque estuvieran picados o decrépitos, sino todo lo contrario. El jueves descorché un Brovia, Ca´ Mia 2006, un barolito que lo deja a uno muy satisfecho sin tener que hipotecar la casa. Además de que lo compré en EE.UU. otra razón por la que no tuve mucho que desembolsar. Ahora mismo presenta todos los síntomas de la juventud, muy vivaracho con una acidez estupenda, buena estructura, fruta roja en sazón, notas térreas de trufa y algo especiado a canela y pimienta negra. Afortunadamente guardo otra botella para dentro de unos añitos, para ver su evolución.
En otro orden de ideas les comento de un proyecto que me entusiasma mucho, y por otro lado me compromete a desempolvar algunos libros, para refrescar algunos conceptos que empiezo a olvidar. Me han propuesto coordinar junto con el sumiller mexicano Pedro Poncelis Brambila, un diplomado para la formación de «Sommelier». Y es que tener el amor que le tengo al vino y haber leído, probado y viajado, no me hace un pedagogo, aunque también reconozco que siempre me ha gustado la docencia, desde los diez años empecé con mi primera alumna, logrando enseñarle a leer. Tendré que sentarme y tener una larga charla con Pedro Poncelis, y así afinar y definir los detalles. A Pedro Poncelis, padre, ya que su hijo también es sumiller, lo conozco desde hace más de doce años, aunque no lo he vuelto a ver desde hace mucho tiempo. El diplomado consta de cuatro módulos, 41 sesiones de 4 horas, dando un total de 162 horas. Como pueden ver es bastante completo. Ya les contaré más adelante como van las cosas.
En el último número de la revista mexicana Catadores, la potada es muy sugerente, unas piernas femeninas bien torneadas saliendo de una copa de vino, con el título de «Vino y deseo femenino… Bebida afrodisíaca» . Su contenido es avalado por el hospital Santa María Nuova de Florencia, Italia. Ya se pueden imaginar los efectos del vino en las mujeres, así que el estudio es más que nada confirmatorio:
«El consumo entre una y dos copas de vino al día incrementan el apetito sexual femenino. Tras experimentar con 789 mujeres entre 18 y 50 años de edad» (…) «Este trabajo cuantificó el FSFI (female sexual function index o índice de la función sexual)»
Son muy claros al referirse sólo a cuestionarios, no piensen mal y quieran apuntarse a la nómina de investigadores masculinos…
Otra conclusión fue la de Manuel Mas, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Laguna, España.
«Los países en donde hay un mayor consumo de vino per cápita son aquellos que dicen ser los más satisfechos sexualmente»
¿Será cierto…?
Hace 40 años llegó a la luna el Apolo XI, uno de los capítulos más grandes de la historia de la humanidad… Hay quienes todavía lo dudan.
La tecnología moderna me está rebasando, el siglo XXI ha llegado con una oleada de inventos que hasta hace poco sería imposible de concebir para nuestros padres. A mis ya bien entrados cuarenta y tantos, me siento a veces fuera de lugar. No tengo ipod, ni celular con cámara integrada, de no sé cuántos megapixeles, ni tampoco tengo lap top.
Recuerdo que recien llegados los ochentas, la televisión con control remoto inalámbrico apenas se asomaba, era el comienzo de las videocaseteras Betamax y el lanzamiento del Columbia era todo un acontecimiento digno de ver y disfrutar con toda la familia. En casa había un coche y un televisor, el tiempo pasaba más lento y la gente guardaba el vino para que evolucionara a favor por muchos años. Hoy la música se eschucha con minúsculos audífonos, girando un comando circular en un aparato más pequeño que la mano, con una capacidad infinita para guardar canciones, las grandes pantallas de plasma sustituyen las gordas y pesadas televisiones, el blue ray es lo actual y los taxis espaciales de la NASA se ven como piezas de museo. Obsoletas. Piden a gritos nuevas formas para el trasporte al espacio, los vinos se compran y se beben el mismo día.
Hay algo dentro de nosotros que nos hace disfrutar de lo viejo, lo retro, lo que llamamos ultimamente, vintage. Esos carteles publicitarios de antaño cargados de romantisismo y de arte, que nos trasportan a los tiempos donde la gente se detenía a observar una puesta de sol, se hacían largas sobremesas en cualquier día de la semana, cuando las cosas eran más sencillas y el sol brillaba y se podía disfrutar sin necesidad de ponerse bloqueadores del 40, 50 o 70.
Los anuncios de cigarros han desaparecido, tal parece que de unos años para acá ha habido un consenso mundial para acabar con la industria del tabaco. La época de Clark Gable con su cigarro en boca, ha pasado de glamorosa a la condena total.
La publicidad del vino en México nunca ha trascendido, los anuncios se pueden contar con los dedos de la mano. Sobre todo si se compara con las millonarias cantidades que gastan las empresas de cerveza, tequila, brandy, ron y refrescos. Quizá por ello llama más la atención cuando vemos algún anuncio de vino perdido en el océano de publicidad en un universo donde pocos se ocupan de la promoción del mismo. Al observar más de cerca la industria vitivinícola en México, podemos concluir que los dueños de las bodegas tienen que librar varios obstáculos para poder hacer de éste, un negocio rentable. La desmedida carga impositiva, la voraz competencia internacional y el bajo consumo nacional, los hacen verdaderos héroes. ¿Será por eso que abundan los vinos caros en nuestro país?. Como decía mi difunta madre: «En el pecado llevan la penitencia», al aumentar los precios se vuelven menos competitivos en el extranjero. Sin afán alguno de molestar a los nacionalistas; pienso que no hay mucha gente dispuesta a pagar esos precios por vinos sin tradición, sin historia como podrían hacerlo con algunos franceses, italianos y españoles. Es un panorama complicado. El tema de las medallas y los premios internacionales parece de mucho interés para los productores. Hoy leía en el periódico Reforma, de varios premios internacionales para muchas bodegas mexicanas como: L.A. Cetto, Santo Tomás, Casa Madero y otras muy recientes que empiezan su carrera en esto de las medallas. Luis Cetto director general de la casa del mismo nombre, explica la importancia de estos concursos: «La decisión de qué vinos participan en qué concursos radica en las oportunidades de mercado en el país donde se realiza el evento». Para mucha gente que no tiene la experiencia ni tampoco las herramientas para establecer un juicio de valor con respecto a lo que bebe, le es de mucha utilidad conocer vinos con medallas y reconocimientos. Para otros los precios altos tienen una relación directamente proporcional con la calidad y el goce del vino, sobre todo si pueden pagarlos, así que los vinos de bajo precio quedan descartados de manera automática. Limitándose de esa forma, perdiendo la oportunidad de encontrar esos vinos de excelente relación calidad precio, que no dejan agujeros en los bolsillos y sí dejan satisfecho el paladar. También puedo decirles que no ha habido ninguna campaña extraordinaria para la promoción del vino en nuestro país. No sé si ya sea hora de que despierten y usen la imaginación para que sus vinos sean consumidos por más gente, y no quede sólo en un puñado de personas de cierto poder adquisitivo.
Fotos extrídas de Flikr
Y ahora, un anuncio «vintage» claro, directo y sin copas ni efectos especiales…
Ayer por la tarde, después de un partido de tenis, cosa rara porque no acostumbro a jugarlo o más bien he jugado un par de veces en toda mi cuarentona vida, llegué a mi casa y me planté frente al monitor de la computadora. No acababa de acomodarme en la silla cuando leí la noticia de la muerte de Michael Jackson. Así es precisamente como corrió la noticia, ya que fue por internet donde se dio primero. Ni CNN, ni la BBC fueron tan rápidas como el internet. Ya a medio día había lamentado mucho la muerte de mi primer amor platónico, Farrah Fawcett. Quién no recuerda a esa rubia en los Ángeles de Charlie. Hubo una temporada en un pasado remoto, que me dediqué en cuerpo y alma a coleccionar todo lo relacionado con esta mujer; desde estampas hasta posters, pasando por botones y camisetas con su foto.
Michael Jackson, como todos los grandes, estuvo rodeado de una bola de escándalos y conflictos personales, como los tuvo en su tiempo, guardando las proporciones; Lennon, Elvis, Sinatra y pasándonos al producto nacional; Pedro Infante y el charro cantor; Jorge Negrete… Es parte de la naturaleza de los «ídolos» de las masas, conflictos en el caso de Michael, de índole muy oscura y deprabada. Aunque dudo que se repita el fenómeno Jackson. No lo digo por sus ventas, ni por sus Grammys, ni por sus innovaciones en la música, ni por los llamados «video clips», ni sus grandes escándalos de pederastia, cirugias plásticas ni tratamientos blanqueadores. Sino a la profusión de artistas y de programas en la televisión y en internet, es casi imposible pensar en fenómenos como el de «Siempre en Domingo» , hablando en plan local, cuando un artista lo veía la gran mayoría de televidentes en ese momento. Hoy los medios han dispersado esas masas y los programas de TV. no tienen la importancia ni la audiencia en términos absolutos como la tenían antes.
Dando un vertiginoso giro de 180 grados de la farándula, al vino. En más de una ocasión he leído y oído hablar de las bondades del corcho, la idea romántica que nos es tan difícil de desprender al aceptar otro sistema de cierre para los vinos como; el plástico, vidrio y acero. Usar el sacarcorcho es parte del rito del vino, cualquier otra maniobra en la boca de una botella va en contra de las prácticas ortodoxas de este ritual. Hay quienes se resisten a comprar botellas con «corchos» sintéticos o tapones metálicos, algunos aluden que estos últimos causan cáncer. Lo cierto es que todavía son mayoría los vinos con corchos naturales. Dejando de lado las consideraciones estéticas y románticas, el corcho es un excelente material, impermeable a líquidos y a gases. Para mucha gente la micro-oxigenación es algo indiscutible, tan real que no admite ningún tipo de juicio. Para mí ésto ha sido motivo de búsqueda durante algunos años. No hay pruebas concluyentes que aseguren tal intercambio de gases. Las presiones que se necesitan para que un gas traspase un corcho no se dan en condiciones normales dentro de una bodega. Pero dejaré el tema para otra entrega.
Algo que parece la solución final al problema del TCA, son los corchos que produce la compañia Oeneo-Bouchage, como se puede ver en el video, con su nuevo corcho llamado Diam fabricado con aglomerado y expuesto a dióxido de carbono, que permiten no sólo la erradicación del TCA en el vino sino las variaciones de una botella a otra. Me imagino que se refieran a las variaciones que tienen que ver más con un defecto, que con cuestiones de la evolución natural de una botella a otra, de una misma añada, o inclusive variaciones en botellas de una misma caja. Hugel & Fils esa famosa bodega en Alsacia ha puesto en marcha la colocación de estos corchos en sus botellas. El tiempo les dirá si fue una buena inversión. Por lo pronto su aspecto es mucho mejor que el de los corchos de aglomerado actuales, que abundan en el mercado de vinos de bajo precio.