Archivos para noviembre, 2025

Cata 276

Publicado: 16 noviembre, 2025 en Cata
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Masua 2024 empezamos la noche con este txacoli. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante y fluido. Huele a nardo, miel, con una nota al final de durazno. En boca se le nota la aguja, aunque la burbuja no es visible. Toronja blanca con una excelente acidez, para comprar una caja.

Val de Meigas 2023. Este albariño tiene al principio una notita de caramelo de cajeta, al mover la copa da espino blanco y una nota herbácea de fondo. En boca da un apretón cítrico, de final largo y mineral. Para otra botella.

Navajas 2017. Vinificado con 80% tempranillo y 20% graciano. Granate de capa alta, huele a cerezas en licor. En boca es tánico y de final amargo.

Valderivero 2020. Se trata de un riberita con pocas concesiones, bastante rústico y desenfocado. De tanino rugoso. Inmemorable con causa.

Virana 2018. Al leer la etiqueta me han sorprendido sus 30 meses en roble francés y 20 en botella. Al probarlo se comprueba su larga crianza que lo hace un vino elegante, redondo, profundo. Gabriel lo comparó, guardando las distancias, con un Tondonia joven, y creo que por ahí va su perfil, pero con un precio más comedido. Un vino interesante con fruta roja de calidad, excelente nariz y todo en equilibrio: alcohol, tanino y acidez. Un vino que no hay que perder de vista. Para comprar una cajita, y por 469 pesos, unos 25 dólares americanos, no hay mucho más que pedir dentro de los vinos con cierto sabor clásico, y no bombas frutales astringentes.

Así concluye una atropellada cata fuera de calendario y sin Tino, como orquestador del servicio, a quien su gato lo maltrato en respuesta a un pisotón en la cola. Dientes y garras acabaron por infectarle el pie. Esperamos se recupere para la cata decembrina. Abur.

Viña Tondonia cosecha 1964

Se ha borrado la añada, o más bien, se ha desprendido parte de la etiqueta debido a la humedad de la cava. Esta botella es una de dos que traje de la bodega, regalo de Ma. José López Heredia, en el año de 2005. Veinte años guardada. Y en esta ocasión Ángel (capitán de meseros), a pesar del meticuloso cuidado que procuró al descorcharla, se ha quedado parte del corcho en la botella. Acto seguido, le pedí que la decantara.

Así como siempre he dicho que los vinos deberían de guardarse en buenas condiciones para que ganen con el tiempo y descubran su magia, sobre todo aquellos que merecen la pena, como es el caso. También debo reconocer que la evolución a favor tiene sus límites. Esta memorable botella de Tondonia había empezado su camino cuesta abajo, tomando en cuenta ese momento que buscamos con mucha paciencia quienes gustamos de disfrutar los vinos en su esplendor, y no perseguimos la satisfacción inmediata después de llevar una botella de la tienda a la mesa. A pesar de que los riojas de estirpe salgan más hechos de la bodega que los burdeos, que necesitan vidrio por algunos años antes de meterles el tirabuzón.

El vino presentaba un color ladrillo con ribete ocre, velado, quizás por la decantación no presentaba mucho sedimento en la copa. Aromas de cuero, tierra mojada, fruta confitada y algunas notas de pastelería. En boca domina la acidez con un tanino limado y final medio. En realidad habría que ponerse muy exigente para no reconocer que es un vino profundo que susurra al oído todo el tiempo que ha pasado antes de llegar a este descorche. Momento para brindar en compañía de un amigo con quien he descorchado cositas tan espectaculares como un Haut Brion magnum de la misma añada que este Tondonia. Así que ya somos compañeros habituales en esta aventura, tan sacrificada, de pasar lista a añadas y bodegas de este calibre. Él por su parte trajo de su bodega un Remirez de Ganuza Reserva 2012, un jovencito muy vivaracho que demostró tener vida suficiente para evolucionar a favor por lo menos diez o doce años más. Color picota ribete rubí, brillante y fluido. Aromas a fruta negra, bosque bajo, y notas especiadas a pimienta. En boca es de tanino presente, excelente acidez y final largo. Para comprar una cajita.

Ya no quedan más vinos en mi cava de 1964 del barrio de la Estación, pero quedarán en mi recuerdo hasta que parta de este caótico mundo, así como las historias que susurra cada botella especial. ¡Abur!