Archivos para noviembre, 2013

Chappellet_PritCabSauv_09 Hace un par de semanas tuve la dicha y el placer de cenar acompañado de mis compadres con motivo de mi aniversario, y elegí para la ocasión un vino muy especial en varios sentidos. Chappellet es una bodega ubicada en las colinas de Pritchard en Napa, cerca del lago Hennesy. Alguna vez traté de llegar a la bodega y me perdí, además de que mi esposa sufrió un fuerte mareo que hizo abortar la visita. De haber tenido más tiempo y suerte la habría conocido.

He probado dos de sus tintos, el primero in situ, no precisamente en la bodega pero sí en un restaurante en Rutheford, del mismo nombre Rutherford Grill, no muy lejos de donde se vinifica. Lugar donde no sé si fue el hambre o la ocasión pero me pareció un excelente restaurante para descansar y hacer una pausa a la visita de bodegas y comer sustanciosamente carne, cuando podía comer sin restricciones, en una sala climatizada y luz dosificada. El vino que elegí fue el merlot Chappellet 2005, me pareció un vino joven con notas de bayas y pétalos de rosa, nada espectacular diría que le faltaba vidrio, pero que maridaba con la carne. Este último más madurito y expresivo, Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon posiblemente 2007 aunque no lo he podido comprobar, la botella la han tirado al reciclaje y no he tomado nota. A pesar de que su nombre indica cabernet sauvignon, en realidad está vinificado con un 75% cabernet sauvignon, 15% petit verdot y 10% malbec, con una crianza entre 15 y 18 meses en roble francés nuevo. Guardado celosamente durante cinco inviernos. Tiene un color cereza intenso de capa alta, y una nariz barroca a ciruela, cerezas, zarzamora y una nota de capuchino, tabaco oscuro, pimiento morrón y un golpe de humo. En boca no es menos contundente que en nariz, con un alcohol muy bien integrado a pesar de sus escandalosos quince grados por volumen, una acidez comedida y un final largo. Decía que era especial porque la compré convencido de su potencial, la guardé algún tiempo y la compartí con gente muy querida. Un año más o un año menos, según el cristal con que se mire, hoy estoy optimista y quiero pensar en un año más.
P.D. Encontré la corbata de la botella, entró en bodega el 16 de agosto de 2008 y es de la añada 2005.

Foto extraída de http://www.chappellet.com/index.cfm

Vinos mexicanos de la cata 172

Vinos mexicanos de la cata 172

Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.

Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.

El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.

El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.

El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.

Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.

Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.

CATA 171 Después de mi reciente episodio cardiaco es mi primera cata, y mis amigos generosamente han organizado todo, detalle que agradezco mucho. Así que sólo me dispuse a disfrutar de la velada. Han titulado esta cata como «Duelo sudamericano» por aquello de los vinos que probaremos: tanto argentinos como chilenos. Variando la dinámica se trataba de ir descifrando el orden de los vinos según sus características organolépticas, algo muy pretencioso sin dejar de ser interesante.

El primero de la noche es un vino de la bodega Felix Lavaque Felix 2007. Datos que supimos después. Una rara mezcla con la uva insignia de argentina: malbec con 73% y la de uruguaya tannat con el 27%. Huele a cerezas en licor, casis, pimiento y chocolate, otros han apuntado, como un vino especiado aunque casi todos coincidimos de que se trata de un vino alcohólico y de final amargo. Al observar su contenido de alcohol por volumen se confirma lo dicho (15,1).
Quimera 2009. Aromas a mermelada de zarzamora, pimienta blanca, astringente y de final también amargo. Con una típica mezcla bordolesa y catorce meses en roble francés: 40% usado y el resto nuevo. Bebible.
El tercero es un viejo conocido, se trata de Cabo de Hornos 2005. Un vino que mereció todos mis respetos y admiración antes del 2005 o quizás un par de añadas antes, y que hoy es parte de ese aglomerado anónimo. Vino moderno sobre extraído y sin personalidad, con precios exorbitantes. Todos han coincidido en su brutal astringencia, esa que duerme las papilas gustativas.
Caballo Loco 2008. Un vino que siempre ha llamado mi atención, vinificado como jerez, por aquello de las extrañas mezclas de añadas, no por otra cosa, pero con resultados muy interesantes. Definitivamente es un vino que bebería en toda ocasión que tenga oportunidad. Fruta roja en sazón, notas de cuero de la mejor calidad, dátil y notas especiadas, redondo, buen tanino. Repetible. Y a un precio bastante comedido, casi la mitad del Cabo de Hornos.
El penúltimo es un tannat 100%, Arerungua 2002, un nombre que se antoja más para un instrumento musical sacado de una tribu de la selva, que para un vino. Huele a piel de Rusia, frutos rojos, equilibrado y de final largo. Repetible aunque debo decir que no deja mucho a la memoria. ¿O será porque estoy escribiendo casi dos meses después de la cata…?
Juan Carrau 2009. El último de la tarde, de la misma bodega y misma uva, aunque con un poco menos octanaje. Dátil, vino estructurado e integrado palabras textuales de mi compañero, por alguna razón yo no escribí ninguna nota. Mis sentidos habrán adormecido al final. Pero qué mal catador soy, no podría aspirar a los maratones que acostumbran quienes se dedican profesionalmente a esto. ¡Agur!