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Inmemorables con causa

Publicado: 6 septiembre, 2011 en Vino
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Orlandi 2009

De principio no sé si debiera o mereciera la pena el comentario… pero de todas maneras lo comentaré. Las etiquetas mexicanas cubren varios anaqueles de La Europea. Cuántos de estos vinos sobrevivirán en el futuro inmediato, es otra historia pero por ahora abundan, y debe haber más en este auge quizás inexplicable. Pero no piensen que soy un aguafiestas, simplemente en los procesos de crecimiento tan rápido pocos pasan el delicado tamiz del comercio interno, y mucho menos el externo donde son contados quienes llegan a disfrutar las mieles de la fama.
Otra cosa que me sorprende son los precios, muchos rondan los cuatrocientos y otros los seiscientos, por no hablar de los que se exhiben bajo llave que pasan sin problemas los mil pesos. Vinos que hace poco tiempo no figuraban en la geografía vitivinícola. Lo que algunos llamamos arribistas.

Despertaron mi curiosidad algunos vinos mexicanos por debajo de los trescientos pesos, que francamente no había probado. Decidí meter un par de ellos a la canasta y medir sus atributos o sus carencias. Empecé con un blanquito de Ezequiel Montes: Orlandi 2009, 100% savignon blanc. Un blanco con seis meses de roble francés sin indicación sobre el estado de la misma: nueva o usada (pero lavadita). Porque hay quienes confunden la madera usada necesariamente sucia. Esta bodega la conocí apenas hace un par de meses. Se trata de un savignon con seis meses de roble francés bastante elocuente. Al principio huele a cera, a barro fresco, con un fondo de níspero que después pasa a piña cristalizada, madera, granos de café. Acidez justita y final amargo. Mucha madera, que percibo usada.

Divino Tinto 2008

Después llegó el tinto; Divino Tinto 2008, cuyo nombre no guarda ningún vínculo con el Gran Divino de Chateau Camou. 80% syrah y 20% cabernet sauvignon. Su color es más propio de un pinot que de un syrah, color cereza de capa media. Aromas de mediana intensidad a moras con un fondo mentolado que se pierde en el vacío para dar notas de sandia. En boca es ligero, de tanino fugaz y un ligero amargor al final. Ambos perdidos en el anonimato. Aunque después de ver las últimas estadísticas donde ya figuramos en primer lugar como consumidores de refresco (163 litros per cápita), cualquier vino será mucho mejor.