Archivos para 2 julio, 2011

Txomín Etxaníz

A pesar de la lluvia que no ha escampado más que por breves momentos, hay dos buenas razones por las que he bajado a la bodega por un par de botellas: un Txacoli blanco y un Clos de la Barre 1999. Esta última botella la tenía acostadita desde enero de 2008. Francamente mis espectativas eran muy altas, y contando sus doce añitos en la fría oscuridad; crecían aún más que la espuma. Había pasado de largo por el mismo Monopole de Louis Jadot del 2006, que si bien es cierto que todos los que he abierto de esa añada me han dejado impresionado, un 99 debía estar: más integrado, más redondo, más complejo… en pocas palabras entrando a la madurez. Pero vayamos al principio. Empecé con un Txacoli de la tierra de ilustres y virtuosos de la cocina: Confieso que mi experiencia con estos vinos era nula, hasta apenas hace unas horas, cuando probé este vino. Txomín Etxaníz (sin añada) o por los menos no aparece por ningún lado de la etiqueta. Nacido en la bodega del mismo nombre. Vinificado con Hondarrabi Zuri (90%) y Hondarrabi Beltza (10%), un vino con personalidad, color oro, a la vista muestra burbuja muy fina, lo que llaman en España vino de aguja, o los franceses petillant, sin embargo desaparece pronto, cosquillea el paladar en los primeros tragos. CO2 que queda atrapado en los vinos jóvenes, sin tratarse de ninguna manera de una segunda fermentación como en los espumosos. Acidez justa, huele y sabe a manzana asada y una nota caliza y mineral, por momentos parece sidra. No dudo que case de maravilla con los mariscos de aquellas hermosas tierras.

Clos de La Barre 1999

El Monopole de Drouhin, Clos de La Barre 99, me ha dejado muy intrigado y decepcionado. Después de bregar con un corcho húmedo que se partió en dos, he podido sacarlo. Tiene una arista alcohólica que hubiera apostado que se trataba de un Shiraz californiano, y no un Borgoña de estirpe, a pesar de que 13,5 grados de alcohol ya no escandalizan a nadie. Es un joven rebelde con chaleco de cuero y «motocicleta chopper»…que no tiene nada integrado, sus doce años no le han servido de nada, una nariz ahumada con notas térreas dominadas por el alcohol en boca. Decepcionante. Me duele decirlo de uno de mis productores favoritos. ¿Estará adulterado…? o ¿Será el nuevo rumbo que tomarán los borgoñeses? no me atrevo a tanto pero no me gustó, apuesto lo que sea, que el 2006 que pasé de largo está mucho mejor. Afortunadamente la comida ha salvado un poco la tarde, un rissoto con hongos bañado en «olio tartufato»… es decir con un chorrito de aceite de oliva con trufas. Hasta un Burdeos moderno hubiera sido más delicado con la comida y mi paladar. Espero haber tenido sólo una mala tarde, un encuentro con una botella diferente. Seguiré gastando mis pocos ahorros en borgoñas.