Me estoy haciendo viejo y reconozco que cada día me molestan más los descarados recursos propagandísticos acerca del vino mexicano. Al abrir el periódico Reforma en la sección Buena mesa aparece con letras grandes: Buenos, baratos y mexicanos…. Ajem, ajem ¿A qué se referirán con baratos…? Hablan de vinos debajo de 350 pesos; los trece vinos citados dan un promedio de 260 pesos. ¡Veintidós dólares para mi bolsillo ya no es barato…! Y en ese margen me empiezo a poner muuy exigente.
Las calificaciones no podían ser de otra forma que las designadas por el abogado de Maryland, Mr. Robert Parker Jr. (50 a 100). Aunque también me llama la atención que ninguno de los trece vinos catados rebasa los 89.3 puntos. ¿Qué le habrá faltado para el 90.0 a ese Jardín Secreto 2007, de la bodega Adobe de Guadalupe? ¿0.7 gramos más de roble francés o 0.7 gramos más de alcohol?
Hasta hace poco menos de diez años no podía entender cómo alguien se atrevía a dar una opinión sobre un vino sin tener de parámetro una calificación numérica. Hoy en día estoy convencido de que no hay números ni letras suficientes ni precisos para calificar un vino. Son muy fríos. Prefiero remontarme a mi memoria olfativa y saber si ese vino me despierta pasiones, me deja indiferente, o simplemente es para beberse a tragos largos, sin muchas contemplaciones. Siguiendo con la promoción de vinos mexicanos… O mejor dicho con el ocioso ejercicio que convocó a tres expertos con todo y su peto de cuero y todas sus medallas. Los Sumilleres que en México y otros países latinoamericanos prefieren escribir sommelier para darles un acento franchute y de más prestigio. Los sommeliers han dado su veredicto y los demás mortales… el resto, podrá tomar una mejor decisión a la hora de escoger entre un vino francés o un mexicano, baratito de 20 verdes.
Creo que algunas maniobras como ésta ayudan muy poco al vino mexicano. Y en muchas ocasiones dejan más confundido al consumidor. Ya me cansé de oír historias sobre la «democratización del consumo del vino», hacerlo más accesible, bla bla bla… Pero en el momento de las medallas, premios y altas calificaciones, el vino despega y se vuelve un ente volátil inalcanzable para la gran mayoría que prefiere gastarse sus $260.00 en otra cosa.

Tinto del Mogorcito 2006
Haciendo un recorrido sabatino por los pasillos de una de las tiendas de vino más surtidas de mis alrededores, me encuentro con una gran variedad de nuevos vinos mexicanos, que ni siquiera había escuchado que existían. Por desgracia y siendo cada vez más frecuente, abundan los vinos por arriba de los $400.00 (32 dólares), precios que ahuyentan a mucha gente, y que quedan situados en un nicho de mercado muy reducido. Aún así escogí uno de los «baratos» $384.00 Se trata de un Tinto del Mogorcito 2006 que no tiene nada que ver con Casa Mogor Badan, como pudiera parecer. Se trata de Viñas de Garza una bodega muy joven nacida en 2003 cuya primera cosecha es precisamente la 2006. Ubicada en el Valle de Guadalupe. Tinto del Mogorcito es una mezcla de cabernet sauvignon y merlot con doce meses de roble francés y americano. Su enólogo Amado Garza, que por su apellido sospecho que algo más tiene que ver con la marca. Hugo D´Acosta también intervino en el proyecto. Poco después de comprar la botella terminó en la copa, y estas con mis impresiones: Aromas de fruta negra en sazón: zarzamora, notas especiadas de albahaca y pimienta verde. Boca frutal, con un final pasificado que desaparece con el aire, acidez justa, de taninos maduros que pierde algo de nervio con el aire. En general un vino rústico con una arista de alcohol muy presente.

