Archivos para julio, 2009

Ribera del DueroEn varias ocasiones dentro de mis visitas culinarias a restaurantes que ofrecen vinos de la denominación de origen Ribera del Duero, me encuentro con la letra «v» en lugar de la «b». En sentido estricto, no se trata de un error ortográfico, ambos términos se encuentran en el diccionario de la RAE.

ribera.(Del lat. *riparĭa, de ripa).

1. f. Margen y orilla del mar o río.

2. f. Tierra cercana a los ríos, aunque no esté a su margen.

3. f. ribero.

4. f. Huerto cercado que linda con un río.

5. f. Vall. Casa de campo con viñas y árboles frutales próxima a las orillas de los ríos o cercana a la capital.

volar alguien la ~.

rivera.
(Del lat. rivus, riachuelo).

1. f. Arroyo, pequeño caudal de agua continua que corre por la tierra.

2. f. Cauce por donde corre.

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Más allá de cuestiones gramaticales, existe otro aspecto implícito: La falta de cuidado, y la falta de oficio, tampoco se requiere ser sumiller o un enólogo, no me puedo imaginar a una persona medianamente empapada en el tema de los vinos, que cambie con tanta facilidad esa letra, no hace falta que abran el diccionario. Copiando correctamente las etiquetas se ahorrarían muchos errores. ¿Error al escribir en el teclado? Todo mundo es falible a tener errores, con mayor razón al estar ambas letras una al lado de la otra, pero cabe la corrección a la hora de mandar imprimir la carta de vinos. Para mucha gente este error no significa nada, pero a mí me deja un mal sabor de boca, y mi imaginación echa a volar; inmediatamente me voy a los aspectos de la restauración y me pregunto sobre las condiciones de guarda, de servicio y otras cositas que tienen que ver con el vino, dentro de ese restaurante en particular.

Conde de los AndesEl domingo pasado fue de paella. Paella que yo mismo preparé. Un verdadero placer la cocina, desde el momento que salgo a comprar la materia prima, hasta que coloco la paella ya lista en la mesa. Como en España, México tiene muchas variantes, hay quienes hacen gala de su originalidad agregándole: chistorra, alcachofa, cangrejo, baby pulpo, salchichas…hasta un chorrito de Corona en el último hervor. Para mí también es una referencia muy concreta de por dónde vamos con la inflación, en cada ocasión que hago las compras para prepararla, se incrementan los precios, y me veo en la penosa necesidad de sacar de mi cartera un poco más de los devaluados pesos. Pero esos son temas económicos que no se antojan en  domingo.
Caminando por el pasillo de los vinos me sorprendió ver el legendario Conde de los Andes, con una nueva cara, muy reformadito, ha dejado atrás aquella vetusta etiqueta aunque todavía conserva la mallita dorada. Pero aún me sorprendió más su precio que no llega a los $180 pesos, algo así como 10 euros. Se trata del Gran Reserva 1999. Un vino que habla muy suave, es sutil, con una marcada acidez, al principio raya en lo plano, aunque también debo reconocer que estaba más frío de lo debido. Con algo de calor empiezan los aromas a tabaco rubio y cuero. Un vino correcto, que además maridó muy bien con la paella.

Brovia
Hablando de vinos pasados, pasados en el tiempo y no porque estuvieran picados o decrépitos, sino todo lo contrario. El jueves descorché un Brovia, Ca´ Mia 2006, un barolito que lo deja a uno muy satisfecho sin tener que hipotecar la casa. Además de que lo compré en EE.UU. otra razón por la que no tuve mucho que desembolsar. Ahora mismo presenta todos los síntomas de la juventud, muy vivaracho con una acidez estupenda, buena estructura, fruta roja en sazón, notas térreas de trufa y algo especiado a canela y pimienta negra. Afortunadamente guardo otra botella para dentro de unos añitos, para ver su evolución.

En otro orden de ideas les comento de un proyecto que me entusiasma mucho, y por otro lado me compromete a desempolvar algunos libros, para refrescar algunos conceptos que empiezo a olvidar. Me han propuesto coordinar junto con el sumiller mexicano Pedro Poncelis Brambila, un diplomado para la formación de «Sommelier». Y es que tener el amor que le tengo al vino y haber leído, probado y viajado, no me hace un pedagogo, aunque también reconozco que siempre me ha gustado la docencia, desde los diez años empecé con mi primera alumna, logrando enseñarle a leer. Tendré que sentarme y tener una larga charla con Pedro Poncelis, y así afinar y definir los detalles. A Pedro Poncelis, padre, ya que su hijo también es sumiller, lo conozco desde hace más de doce años, aunque no lo he vuelto a ver desde hace mucho tiempo. El diplomado consta de cuatro módulos, 41 sesiones de 4 horas, dando un total de 162 horas. Como pueden ver es bastante completo. Ya les contaré más adelante como van las cosas.

En el último número de la revista mexicana Catadores, la potada es muy sugerente, unas piernas femeninas bien torneadas saliendo de una copa de vino, con el título de «Vino y deseo femenino… Bebida afrodisíaca» . Su contenido es avalado por el hospital Santa María Nuova de CatadoresFlorencia, Italia. Ya se pueden imaginar los efectos del vino en las mujeres, así que el estudio es más que nada confirmatorio:

«El consumo entre una y dos copas de vino al día incrementan el apetito sexual femenino. Tras experimentar con 789 mujeres entre 18 y 50 años de edad» (…) «Este trabajo cuantificó el FSFI (female sexual function index o índice de la función sexual)»

Son muy claros al referirse sólo a cuestionarios, no piensen mal y quieran apuntarse a la nómina de investigadores masculinos…

Otra conclusión fue la de Manuel Mas, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Laguna, España.

«Los países en donde hay un mayor consumo de vino per cápita son aquellos que dicen ser los más satisfechos sexualmente»

¿Será cierto…?

Hace 40 años llegó a la luna el Apolo XI, uno de los capítulos más grandes de la historia de la humanidad… Hay quienes todavía lo dudan.

ZambujeiroHace unos días leía un hilo en verema.com sobre la cultura del vino en España. Es un tema recurrente entre propios y extraños. Mucha gente piensa que por el hecho de que un país sea productor y consumidor de vino a gran escala, ello implica que sus habitantes tengan cultura del vino. Qué debemos entender por cultura según la RAE:

cultura.

(Del lat. cultūra).

1. f. cultivo.

2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.

3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

4. f. ant. Culto religioso.

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Sin tomar en cuenta otras tantas acepciones, que no vienen al caso, ya que están fuera de contexto.
La segunda acepción ¿A qué conjunto de conocimientos se refiere? Hay muchos prejuicios alrededor del vino, los conocimientos de la gente muchas veces nacen de la desinformación. Cuántas veces nos paramos en un restaurante a pedir que refresquen el tinto, y el mesero pone cara de asombro, rebuznando; el tinto va al tiempo, o no saben que es un decantador, o luchan con la botella al descorcharla…

Si tomamos como válida la tercera acepción, podemos estar parcialmente de acuerdo. «Modo de vida y costumbres» nadie puede negar que España, Francia, Italia, Portugal y Alemania entre otros países europeos, tienen una gran tradición vitivinícola, así como también Argentina, Chile y EE.UU en América. El vino ha sido parte cotidiana de sus vidas, sobre todo en Europa, acompañando los alimentos y también como elemento esencial de convivencia, lo que llama Manuel Camblor: «lubricante social».* Pero que hay del conocimiento, es aquí donde empiezan mis dudas.

El tequila y el mezcal son las bebidas nacionales, o por lo menos es lo que nos hacen creer. Pero esto no implica de ninguna manera que yo tenga conocimientos del tequila, apenas si sé que proviene de una plantita de hojas largas y puntiagudas, y el jugo que sale de la piña, corazón de esta planta, se destila.
Bebo café todas las mañanas, y eso tampoco me hace un experto en café. Pienso que es una cuestión cultural y no siempre va de la mano del consumo consuetudinario. Estoy convencido de que no hace falta nacer en un país tradicionalmente vitivinícola para entrar de lleno a este apasionante mundo. Somos un puñado de bichos raros quienes gozamos el vino en su máxima expresión. Aquí y allá.
Libro y copa
Pocos son los países con arraigo vitivinícola que se ocupan de los vinos extranjeros. Lo he visto en Chile, Argentina, Portugal poco menos en España.
EE.UU. como he podido comprobar en mis visitas, tiene uno de los mercados más importantes del mundo junto con el mercado inglés. Si bien es cierto que existe una inmensa oferta de vinos californianos, hay puntos de venta donde la oferta de vinos extranjeros es un sueño para cualquier enófilo. En primer lugar está la ciudad de Nueva York, seguida de otras como Chicago y Los Ángeles.
En Argentina la gran mayoría de los vinos que encontré en las tiendas de Buenos Aires, eran argentinos, y por desgracia pocos vinificados con Torrontés; uva blanca con la que identifico a Argentina.

Pero siguiendo con el hilo de la dichosa cultura del vino, no he encontrado gran diferencia entre unos y otros países. Como dije antes; en cada país existe ese grupo grande o pequeño de gente que disfruta y conoce el vino, sin importar que tanto produce o que tanto se consume el vino en su país.

* Este término aparece en la obra «Ancient Wine» del autor Patrick Mc Govern, en la solapa del libro, al final: «As medicine, social lubricant, mind-altering substance, and highly valued commodity, wine became the focus of religious cults,» (…)

FiascoMis primeros recuerdos del vino me remontan a una alacena que tenía mi madre en casa. Allí guardaba mi padre algunas botellas de vino que pronto se convertían en vinagre ya que las guardaba paradas y con la mitad del corcho de fuera. Un desastre. Ni que decir de la temperatura y la humedad. Él no fue un enófilo ni mucho menos, sus encuentros con el vino eran muy casuales y rara era la ocasión que lo bebía sin combinarlo con alguna otra cosa. A pesar de todo, mi memoria olfativa me lleva a mis primeros encuentros con los riojas, que sin ninguna certeza, pudieron haber sido; Tondonia, Federico Paternina, Marqués de Riscal y Marqués de Cáceres, vinos que llevan mucho tiempo en México, y que han sido de la preferencia de los mexicanos y españoles residentes en este país.

Ya de adolescente, acostumbraba a pedir vino cuando salía a comer con alguna amiga. En las comidas formales nunca faltó una botella de vino. Antes de meterme al rollo de leer sobre este tema, bebía Siglo, de bodegas AGE, el de la malla tejida. En blancos siempre pedía Chablis, sin reparar en la bodega y mucho menos si era Petit, Premier Cru o Grand Cru. Cuando visitaba un restaurante italiano, era obligado el típico Chianti en su «fiasco» con su tejido de paja. ¡Qué tiempos!. Difícil de creer que añore esa época. No había prejuicios, no sabía que las copas debían ser de cristal poroso, delgado y sin bordes, con que tuviera una copa limpia a mano era suficiente. ¿Añadas? que cosa más ridícula. Temperatura de servicio… el tinto al tiempo y el blanco frío. Los mejores vinos eran los franceses, aunque todavía pienso lo mismo, en aquella época no reparaba en regiones ni apelaciones de origen.

Con el tiempo todo cambió, sobre todo cuando en un viaje a España decidí comprar un buen libro de vinos y aprender sobre el tema. En realidad fue un regalo de una buena amiga, ya que llegué a México con las manos vacías, pero le encargué el libro a mi amiga que se había quedado en España. «Manual de los Vinos de España, Ed. Everest, de Pedro Plasencia y Teclo Villalón, 1994″, hoy debo reconocer que es un libro muy ilustrativo y ameno, pero con algunos conceptos pasados de moda.

Pronto se convirtió en una obsesión y compraba más y más libros y recorría las tiendas de vino buscando nuevas botellas. Después de casarme empecé la construcción de mi cava. Un agujero en el jardín con las paredes aisladas con poliuretano. Cuando vi terminada mi obra, me sentí tan orgulloso como cuando los faraones terminaron las pirámides de Egipto. El problema fue llenarla, cosa que no sucedió sino hasta después de diez años. Una de las consecuencias de un pobre presupuesto. Por la misma época pertenecía a un club de vinos en México. Después de un par de años, me salí, y fundé mi propio Club. Hasta la fecha son más de ciento veinticinco catas, una por mes.

Qué tengo hoy. Una bola de prejuicios y un paladar poco conformista. ¿No estaba mejor antes?. Creo que la búsqueda del conocimiento y el goce, o la parte práctica es lo que nos lleva a grandes satisfacciones, pero hay un precio que pagar. Perdí por decirlo así: la inocencia, la candidez. Pero de ninguna manera piensen que estoy hablando de un estado superior de levitación, donde me codeo con los Dioses del Olimpo. Todo lo contrario, creo que tener tantas ideas, algunas bien estructuradas otras preconcebidas, hacen que ya no disfrute del vino como antaño. Para quienes nos gusta probar y leer sobre vinos, leer y probar nuevos vinos, sabemos de sobra que es un camino infinito, y que a medida que lo recorremos se hace más largo.

En este momento de ocio en sábado por la noche, me vino a la mente ese fugaz recorrido por los inicios de mi declarado amor por el vino. Lo comparto, aunque no estaría mal que me tomara unas vacaciones y olvidarme de todo lo que tenga que ver con el vino, incluyendo este blog, a pesar de que mucha gente (más de tres mil) me han hecho favor de leer alguna de las tonterías que acostumbro escribir. Sin embargo hay pocas personas dispuestas a comentar, y esto de alguna manera merma un poco mi incipiente vocación «blogera».

Foto extraída de flikr, autor: Marco Prete

corchoEl tapón de corcho, ese trozo de corteza cilíndrico extraído del querqus suber, mejor conocido como alcornoque. Posee características que lo hacen único: es elástico, es impermeable a los líquidos, es ecológico. Aunque aún no está muy claro su impermeabilidad a los gases.
Se utiliza como tapón para la boca de las botellas desde mediados del siglo XVIII. Esto fue, junto con las botellas de vidrio, la principal causa de la expansión del comercio del vino.

En los últimos seis años ha ido creciendo mi interés por llegar a conocer la verdad acerca de la permeabilidad del corcho a los gases. ¿Existe esa entrada de gases al interior de la botella?. Pancho Campo, el primer Master of Wine español, contestó amablemente a un correo que le envié, diciendo que sí existe una micro-oxigenación gracias a la permeabilidad de los tapones de corcho. Su respuesta es clara y contundente. Sin embargo no dio ningún argumento, yo tampoco se lo pedí. Lancé la pregunta y él contestó. No tengo ninguna intención de desacreditar esta postura, sólo me he concretado ha preguntar por diferentes foros y analizar cada respuesta, otorgando más peso a aquellas que me parece tienen mayor sustento científico. De ningún modo debe ser un acto de fe, ni tampoco una cuestión de pertenecer al bando de los que creen o de los que no creen. Mi intención es lanzar al aire la pregunta, dejarlo en la mesa de debate y al final ponerlo en la balanza, y así acercarme a una respuesta mucho más ponderada de la que tengo hasta el momento.

Hace unos años mi amigo Juan Ferrer me comentó que La Rioja Alta S.A. estaba haciendo un estudio sobre el corcho y no sólo eso, sino de la forma más adecuada de guardar las botellas de vino. Dándome algún adelanto; me decía que la arraigada costumbre de guardar las botellas en botelleros en posición horizontal podía dar un giro inesperado. El contacto del corcho con el vino no es del todo adecuado, ya que puede contaminarlo, no sólo con TCA, que tampoco es el causante del mismo, sino con otras sustancias propias de la misma naturaleza del corcho. En condiciones de humedad relativa alrededor del 75%, el corcho no pierde su sección, por lo que en teoría no deja pasar el oxígeno. Por desgracia hasta la fecha no tengo los resultados a la mano. A pesar de haber preguntado por correo eléctrónico a la bodega. Pocas personas expertas en este tema han contestado a mi petición. Pienso que como aficionado, el interés de los estudiosos no despierta las mismas espectativas que con la gente relacionada comercialmente al corcho y al vino, o quizás sea sólo un prejucio. No lo sé. En aquella ocasión quien contestó a mi correo fue:Raul Riba D´ Ave. De la compañía: APCOR – Portuguese Cork Association. De manera muy amable hizo varias aclaraciones, que hasta el día de hoy me parecen las más sólidas y sensatas. A continuación repoduzco la respuesta a mi correo:

Estimado Benjamin,
Gracias por su email.

La impermeabilidad del corcho a los liquidos es un hecho. Cuanto a la impermeabilidad a los gases, eso ya no es tan claro. Hoy pocos estudios sobre este tema y, por eso, uno de las investigaciones que haremos el proximo año será exactamente sobre la permeabildad de gases en el corcho.

Sin embargo, dejeme esclarecerlo sobre lo que ya se sabe sobre la permeabilidad a los gases:

– Un corcho nuevo, aplicado correctamente en el pico de una botella es impermeable a gases y liquidos en condiciones normales de presion.
– Hay una experiencia que prueba que el aire puede pasar por el corcho cuando inyectado a altas presiones (eso nunca ocurre en una bodega)
– Con el tiempo, los corchos van perdiendo lentamente sus excelentes calidades. Eso va pasando, en general, a lo largo de los primeros 25 anos. A los 25 anos el corcho puede haber perdido alguna de su elasticidad y, por eso, si hay variaciones bruscas de temperatura y presion en la bodega, entonces el corcho puede no acompanar la dilatacion/contracion del pico de la botella. Pasando eso, puede darse que entre aire o salga vino de la botella. Cuando se habla en tener bodegas con temperatura mas o menos constante durante el ano, es para evitar, especialmente, este tipo de situaciones. Claro que botellas acostadas, temperatura y humedad mas o menos constante ayudan a que los corchos duren mucho más. Y dejeme aclararlo en una cosa muy importante: a pesar de que en general los corchos pierdan algunas de sus propriedades elasticas a los 25 anos, esto no significa que no puedan seguir siendo un excelente tapon para el vino durante más 75 años. En realidad, si se mantiene las botellas en una bodega con buenas condiciones de temperatura/humedad, entonces no habrá problemas. Nosotros hemos preguntado a los bodegueros de vinos de Oporto si cambiaban los corchos de sus vinos VINTAGE (es la categoria «premium» de vino de porto y que anejara en botella por decadas). Verificamos que hay muchas pocas bodegas que lo hacen, y las que lo hacen, lo cambian de 40 en 40 anos. Las que no cambian, dicen que no es necesario porque cuando abren vinos con mas de 80, a veces mas de 100 anos, los vinos estan espectaculares. El corcho esta’ completamente adpatado al pico de la botella. Solo que estos corchos no pueden ser extraidos con sacacorcho. Hay que utilizar las tenazas, pues que el corcho esta’ muy fragil y no aguantaria.

-sin embargo, no hay todavia pruebas cientificas que el corcho es completamente impermeable al aire. Se discute que el corcho permite una especie de micro oxigenacion del vino haciendo pasar pequenisimas cantidades de aire del exterior para el interior de la botella. Otros dicen que el aire que llega al vino no viene del exterior, sino del espacio entre las celulas del corcho (un corcho es constituido 50% por una especie de aire que esta’ entre sus celulas). De ser verdad, sera’ necesario probarlo cientificamente, y eso es lo que esta planeado para el proximo ano. Asi, creo que lo de almacenar en un lugar exempto de olores fuertes es una medida de prevención, especialmente para los vinos más antiguos, que pueden tener problemas de infiltraion si las condiciones de la bodega varian de manera abrupta.

Esperando haber contribuido para su conocimiento sobre los vinos y el corcho, les enviamos nuestros mejores saludos.
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Real Cork – Irreplaceable
APCOR – Portuguese Cork Association
Av. Comendador Henrique Amorim n.º 580
P. O. Box 100
4536-904 Santa Maria de Lamas
Portugal

He tratado de volver a comunicarme con él en varias ocasiones, sin éxito, lo único que me han respondido de la compañía es que Raul D´Ave ya no trabaja allí. Y que los resultados aún no se publican.

Nada me daría más gusto que esta entrada sirva para despertar un debate, pero sobre todo que arroje alguna luz sobre los últimos descubrimientos al respecto.

¿Continuará…? Es lo más probable.

Foto extraída de APCOR – Portuguese Cork Association

MMarza-Wine-(AA_1_8_84)La tecnología moderna me está rebasando, el siglo XXI ha llegado con una oleada de inventos que hasta hace poco sería imposible de concebir para nuestros padres. A mis ya bien entrados cuarenta y tantos, me siento a veces fuera de lugar. No tengo ipod, ni celular con cámara integrada, de no sé cuántos megapixeles, ni tampoco tengo lap top.
Recuerdo que recien llegados los ochentas, la televisión con control remoto inalámbrico apenas se asomaba, era el comienzo de las videocaseteras Betamax y el lanzamiento del Columbia era todo un acontecimiento digno de ver y disfrutar con toda la familia. En casa había un coche y un televisor, el tiempo pasaba más lento y la gente guardaba el vino para que evolucionara a favor por muchos años. Hoy la música se eschucha con minúsculos audífonos, girando un comando circular en un aparato más pequeño que la mano, con una capacidad infinita para guardar canciones, las grandes pantallas de plasma sustituyen las gordas y pesadas televisiones, el blue ray es lo actual y los taxis espaciales de la NASA se ven como piezas de museo. Obsoletas. Piden a gritos nuevas formas para el trasporte al espacio, los vinos se compran y se beben el mismo día.
Hay algo dentro de nosotros que nos hace disfrutar de lo viejo, lo retro, lo que llamamos ultimamente, vintage. Esos carteles publicitarios de antaño cargados de romantisismo y de arte, que nos trasportan a los tiempos donde la gente se detenía a observar una puesta de sol, se hacían largas sobremesas en cualquier día de la semana, cuando las cosas eran más sencillas y el sol brillaba y se podía disfrutar sin necesidad de ponerse bloqueadores del 40, 50 o 70.

Los anuncios de cigarros han desaparecido, tal parece que de unos años para acá ha habido un consenso mundial para acabar con la industria del tabaco. La época de Clark Gable con su cigarro en boca, ha pasado de glamorosa a la condena total.
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La publicidad del vino en México nunca ha trascendido, los anuncios se pueden contar con los dedos de la mano. Sobre todo si se compara con las millonarias cantidades que gastan las empresas de cerveza, tequila, brandy, ron y refrescos. Quizá por ello llama más la atención cuando vemos algún anuncio de vino perdido en el océano de publicidad en un universo donde pocos se ocupan de la promoción del mismo. Al observar más de cerca la industria vitivinícola en México, podemos concluir que los dueños de las bodegas tienen que librar varios obstáculos para poder hacer de éste, un negocio rentable. La desmedida carga impositiva, la voraz competencia internacional y el bajo consumo nacional, los hacen verdaderos héroes. ¿Será por eso que abundan los vinos caros en nuestro país?. Como decía mi difunta madre: «En el pecado llevan la penitencia», al aumentar los precios se vuelven menos competitivos en el extranjero. Sin afán alguno de molestar a los nacionalistas; pienso que no hay mucha gente dispuesta a pagar esos precios por vinos sin tradición, sin historia como podrían hacerlo con algunos franceses, italianos y españoles. Es un panorama complicado. El tema de las medallas y los premios internacionales parece de mucho interés para los productores. Hoy leía en el periódico Reforma, de varios premios internacionales para muchas bodegas mexicanas como: L.A. Cetto, Santo Tomás, Casa Madero y otras muy recientes que empiezan su carrera en esto de las medallas. Luis Cetto director general de la casa del mismo nombre, explica la importancia de estos concursos: «La decisión de qué vinos participan en qué concursos radica en las oportunidades de mercado en el país donde se realiza el evento». Para mucha gente que no tiene la experiencia ni tampoco las herramientas para establecer un juicio de valor con respecto a lo que bebe, le es de mucha utilidad conocer vinos con medallas y reconocimientos. Para otros los precios altos tienen una relación directamente proporcional con la calidad y el goce del vino, sobre todo si pueden pagarlos, así que los vinos de bajo precio quedan descartados de manera automática. Limitándose de esa forma, perdiendo la oportunidad de encontrar esos vinos de excelente relación calidad precio, que no dejan agujeros en los bolsillos y sí dejan satisfecho el paladar. También puedo decirles que no ha habido ninguna campaña extraordinaria para la promoción del vino en nuestro país. No sé si ya sea hora de que despierten y usen la imaginación para que sus vinos sean consumidos por más gente, y no quede sólo en un puñado de personas de cierto poder adquisitivo.

Fotos extrídas de Flikr

Y ahora, un anuncio «vintage» claro, directo y sin copas ni efectos especiales…