Ayer como cada viernes, último de mes, nos reunimos mis amigos enófilos y yo para catar 6 vinos rosados españoles. No hubo sorpresas. Los rosados han sido considerados por la mayoría de la gente algo así como seudovinos, poco más que un refresquito de fruta roja. Es difícil defender los vinos de bajo precio, sobretodo si tienen tan mala reputación. Los primeros rosados que recuerdo eran los de Anjou, dulzones y de poca acidez. Nada que ver con lo que se puede encontrar en otras zonas del Valle del Loira.
La reunión no fue tan rosa, estuvo dominada por un tema de salud cuya gravedad ya hace que se sienta un vacío en el estómago. El jueves por la noche anunciaban las autoridades sanitarias un brote de virus de influenza, cuya variante porcina, había cobrado ya 60 muertes, 40 de ellas identificadas con el virus. El caso es grave y sería imposible no mencionarlo, se han tomado medidas que jamás había visto: cerrar estadios de fútbol, el Auditorio Nacional, suspensión de clases en escuelas públicas y privadas etc., etc. Creo que este fin de semana me la pasaré encerrado en casa con un tapaboca. Quiero mencionarlo como una especie de catarsis, y alejar
los malos espíritus. El buen humor no debe faltar, y menos en estas condiciones.
Siguiendo con la cata, los vinos fueron: Monte Castrillo 06, de Torremilanos, bastante cansino, con apenas rastros de fruta que quedan de su juventud. Porque otro tema son las añadas de estos vinos que llegan a México. No es posible que la añada más joven que encontré sea la 2007. El segundo: Herederos de Riscal, un vino con aromas de reducción que en toda la noche no se limpió del todo, y que además la añada me fue imposible de encontrar en la etiqueta ¿tiene?. El tercero el Emina 2006 un Riberita bastante sugerente con mucha fruta roja; frambuesa y grosella, aunque le faltaba acidez. Seguimos con un Protos 2007, bastante alcohólico para mi gusto. El penúltimo un Decasta 2006 de Miguel Torres bastante frutal para su avanzada edad. El último de López Heredia, es un rosado, aunque no sé si por la viura podríamos llamarle rosado o mejor clarete. De lo que no hay duda es que es un vino profundo y complejo, la añada 1995, sí, para los poco crédulos tiene 14 años, y está como para otros 10 años o más. Rompe con los parámetros de los rosados jóvenes y frutales. Es una lástima que no llegue a México, pero por fortuna me queda más de una caja.

