
Es común pensar que el regordete monje Dom Perignon descubrió el champán. Para empezar debo recomendar la lectura de Champagne de Donald & Peter Klastrup. Excelente libro que ilustra en detalle la historia del champán. No es mi intención hacer un resumen del libro, así que mejor resaltaré lo más importante.
En primer lugar hay que decir que en esta región se produce vino desde el 57 a.C. Los romanos se encargaron de llevar la vid a donde no la había en su vasto imperio, en este caso las Galias. Región donde hubo una encarnizada batalla contra los Hunos, con un saldo de más de 200 mil muertos. La región es a la que se le da el genero femenino, la bebida es le Champagne, masculino.
Trasladándonos mucho tiempo después; Luis XIV y Dom Perignon nacieron en el año de 1638. Dom Perignon ingresó a la orden de los benedictinos a la edad de 13, después de transcurridos cinco años quiso ser monje, y fue el encargado de la bodega de vinos durante nada menos que 47años. Cuentan que tenía un espléndido paladar y escribió varios lineamientos para mejorar la producción de vino. Entre ellos: prescindir de las malas uvas, vendimiar por las mañanas, además de ser un genio para hacer las mezclas de distintas variedades. Preocupado por acabar con los problemas que acarreaban las burbujas de la segunda fermentación. Problema que se presentaba al morir las levaduras durante el invierno y volver a fermentar en primavera. Fueron los primeros en utilizar tapones de corcho en esta región. Dicho sea, en la región de Champán no había espumosos, sino un vino tinto pálido de baja calidad que comercializaban con los viajeros que pasaban por esa ruta. Hubo un debate que duró más de 130 años de ¿Cuál era el mejor vino: el de Borgoña o el de Champán? Hasta que esta última región aprovechó, por así decirlo, las burbujas. Los ingleses con su mejora en los hornos para la fabricación de vidrio, hicieron posible que más botellas se salvaran de explotar en las bodegas. La idea romántica del descubrimiento del monje de la abadía de Hauvillers al norte de Epernay ha quedado plasmada durante generaciones, sin demeritar su gran labor entusiasta a favor de las mejoras en la producción de vino. A los historiadores más sensatos les surge la duda de si los romanos no serían los primeros en encontrar esas burbujas en sus vinos. La producción en serie de este vino espumoso tiene más que ver con la mejora de los hornos de vidrio que con el simple hecho de percatarse de este fenómeno químico. Según los autores de este libro, fue en Inglaterra, la calidad de las botellas era indispensable para su producción.
El cuadro de «Las ostras» pintado por François de Trois fue la primera representación del champán, en el salón de cenas de la corte francesa. Para 1730 ya era ampliamente conocido en las cortes europeas: Londres, Bruselas, Madrid y Viena.
Claude Moët comerció únicamente champán, proveedor de Luis XV. Quien al final junto con su esposa María Antonieta acompañaron sus últimos alimentos con esta bebida espumosa. Marat murió en su bañera esperando un cargamento de champán.
El negocio del Champán no tuvo un verdadero auge comercial, como hoy lo conocemos, si no hasta los primeros 40 años del siglo XIX.
Jaquesson & Fils fue el primero en colocar el bozal de alambre para sostener el tapón al pico de la botella. Y William Deutz desarrolló la cápsula para proteger el corcho.
Nicole Barbe en 1806 a la edad de 27 años y con una hija de 3 enviudó. Nicole se hizo cargo de la compañía de su difunto esposo junto con su suegro, y después de algunos años se hizo cargo ella sola con el nombre de Vieuve Clicquot. Uno de sus empleados fue quien ingeniosamente inventó los pupitres de madera para colocar las botellas en cierta posición para la segunda fermentación.
Este es una pequeña probada con lo más interesante de este libro.

