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Vid casera, del patio trasero de casa

Ayer por la mañana un amigo me envío un artículo por un medio electrónico de uno de los últimos descubrimientos sobre el origen del vino. Debo aclarar que las uvas en el sentido estricto no necesitan de la intervención del hombre para fermentar. Basta recordar que hace 500 millones de años cuando los continentes estaban unidos (Pangea) ya había plantas trepadoras que producían uvas, dentro de ellas fermentaba el azúcar y las gotas que caían al suelo fueron las primeras gotas de vino.

Restos fósiles de semillas y hojas de la familia de las vitáceas incluidas los grupos de América, Eurasia y Asia compartían más características hace 50 millones de años que en tiempos recientes. La vid salvaje euroasiática vitis vinífera L. Sylvestris crece hoy en día en toda la cuenca del Mediterráneo, desde España hasta el Líbano, por la ribera de los ríos como el Danubio y el Rin, a orillas del Mar Negro y el Caspio. Y fue la que dio origen al 99% de las variedades de uva que hoy se vinifican. Esta planta incluso remonta su ascendencia mucho antes: la Ampeleosis vid trepadora de hace 500 millones de años, que como dije más arriba vivía en Pangea, al separarse gradualmente los continentes entre sí, surgieron diferentes grupos con marcadas diferencias que nos han llevado aproximadamente a 100 especies modernas hasta ahora.

Lo anterior lo leí hace 16 años en el monumental libro sobre el origen del vino: Ancient Wine de Patrick E. Mcgovern.

Lo novedoso para mi es que nuevos y extensos estudios muestran un panorama más claro sobre la prehistoria acerca del vino, cuando el hombre empezó a cultivar la vid. Un numeroso grupo de investigadores recolectaron y analizaron 2,503 vides de uva de mesa y vitis vinífera así como 1022 uvas salvajes. Extrayendo el ADN y analizándolo se llevaron varias sorpresas. Los datos genéticos indican que hace 400,000 y 300,000 años las uvas crecían de forma natural a través del oeste y centro de Eurasia. Hace apenas 200,000 años un clima frío y seco dividió el hábitat de la vitis vinífera en dos áreas separadas, una al oeste que abarca los actuales territorios de España, Portugal y Francia, y otro al este en Israel, Siria, Turquía y Georgia. Hace 56,000 años la región Este se volvió a dividir en pequeñas áreas aisladas: El Cáucaso (Georgia, Armenia y Azerbaiyán) y al oeste: Israel, Irak y Jordania.

La domesticación de la vid hace 8000 años cuando la agricultura empezaba a diseminarse (dato erróneo en el artículo, si tomamos en cuenta que la agricultura comenzó entre 9000 y 8500 a.C. después de la última glaciación). Algunos expertos dicen que se cultivó en la Península Ibérica por vez primera (Portugal y España) hace 3000 años.

Estudios recientes abrieron un nuevo debate: Los humanos en el oeste de Asia domesticaron uvas de mesa hace 11,000 años. Se pensaba que el origen había sido en las faldas del Cáucaso (Georgia). Para complicar aún más las cosas hay desacuerdos entre los estudiosos sobre si esas uvas fueron para comer o para vinificar. Los primeros agricultores procedentes del oeste de Asia que llevaron la vid a la Península Ibérica, por el camino las cruzaron con algunas vides nativas. El primer cruce entre vides ocurrió posiblemente en Israel y Turquía cuyo resultado fue la uva moscatel con altas concentraciones de azúcar ideales para comer. Con el tiempo la uva de mesa se fue transformando en las variedades propias para vinificar en territorio de Los Balcanes, Italia, Francia y España. No sabemos por qué la gente del Cáucaso teniendo ya en ese tiempo vides, no las llevó a Europa. Análisis genéticos muestran que las uvas de esta región tienen muy poca influencia con las que crecieron en Europa.

En resumidas cuentas, y sacando mis propias conclusiones: parece que los romanos no llevaron la vid por vez primera a regiones de Europa que se supone lo habían hecho al conquistar las costas del Mediterráneo. Lectura que he registrado en varios libros. Basta leer la historia del vino en países como Francia, Italia y España para caer en la cuenta. Habrá que esperar resultados más sustanciosos en publicaciones más reconocidas, sin demeritar los resultados ofrecidos en este artículo.

Es común pensar que el regordete monje Dom Perignon descubrió el champán. Para empezar debo recomendar la lectura de Champagne de Donald & Peter Klastrup. Excelente libro que ilustra en detalle la historia del champán. No es mi intención hacer un resumen del libro, así que mejor resaltaré lo más importante.

En primer lugar hay que decir que en esta región se produce vino desde el 57 a.C. Los romanos se encargaron de llevar la vid a donde no la había en su vasto imperio, en este caso las Galias. Región donde hubo una encarnizada batalla contra los Hunos, con un saldo de más de 200 mil muertos. La región es a la que se le da el genero femenino, la bebida es le Champagne, masculino.

Trasladándonos mucho tiempo después; Luis XIV y Dom Perignon nacieron en el año de 1638. Dom Perignon ingresó a la orden de los benedictinos a la edad de 13, después de transcurridos cinco años quiso ser monje, y fue el encargado de la bodega de vinos durante nada menos que 47años. Cuentan que tenía un espléndido paladar y escribió varios lineamientos para mejorar la producción de vino. Entre ellos: prescindir de las malas uvas, vendimiar por las mañanas, además de ser un genio para hacer las mezclas de distintas variedades. Preocupado por acabar con los problemas que acarreaban las burbujas de la segunda fermentación. Problema que se presentaba al morir las levaduras durante el invierno y volver a fermentar en primavera. Fueron los primeros en utilizar tapones de corcho en esta región. Dicho sea, en la región de Champán no había espumosos, sino un vino tinto pálido de baja calidad que comercializaban con los viajeros que pasaban por esa ruta. Hubo un debate que duró más de 130 años de ¿Cuál era el mejor vino: el de Borgoña o el de Champán? Hasta que esta última región aprovechó, por así decirlo, las burbujas. Los ingleses con su mejora en los hornos para la fabricación de vidrio, hicieron posible que más botellas se salvaran de explotar en las bodegas. La idea romántica del descubrimiento del monje de la abadía de Hauvillers al norte de Epernay ha quedado plasmada durante generaciones, sin demeritar su gran labor entusiasta a favor de las mejoras en la producción de vino. A los historiadores más sensatos les surge la duda de si los romanos no serían los primeros en encontrar esas burbujas en sus vinos. La producción en serie de este vino espumoso tiene más que ver con la mejora de los hornos de vidrio que con el simple hecho de percatarse de este fenómeno químico. Según los autores de este libro, fue en Inglaterra, la calidad de las botellas era indispensable para su producción.

El cuadro de «Las ostras» pintado por François de Trois fue la primera representación del champán, en el salón de cenas de la corte francesa. Para 1730 ya era ampliamente conocido en las cortes europeas: Londres, Bruselas, Madrid y Viena.

Claude Moët comerció únicamente champán, proveedor de Luis XV. Quien al final junto con su esposa María Antonieta acompañaron sus últimos alimentos con esta bebida espumosa. Marat murió en su bañera esperando un cargamento de champán.

El negocio del Champán no tuvo un verdadero auge comercial, como hoy lo conocemos, si no hasta los primeros 40 años del siglo XIX.

Jaquesson & Fils fue el primero en colocar el bozal de alambre para sostener el tapón al pico de la botella. Y William Deutz desarrolló la cápsula para proteger el corcho.

Nicole Barbe en 1806 a la edad de 27 años y con una hija de 3 enviudó. Nicole se hizo cargo de la compañía de su difunto esposo junto con su suegro, y después de algunos años se hizo cargo ella sola con el nombre de Vieuve Clicquot. Uno de sus empleados fue quien ingeniosamente inventó los pupitres de madera para colocar las botellas en cierta posición para la segunda fermentación.

Este es una pequeña probada con lo más interesante de este libro.