Dicen que después de la tormenta viene la calma… Si de lluvia se trata no hay tal. Nada más reconfortante que romper con la rutina escapando unos días a la playa. No importa que cargue pesadas maletas, o que tenga que manejar un par de horas, siempre y cuando la carretera esté despejada, o que mis hijos pregunten cada cinco minutos, ¿ya vamos a llegar…? o que haya que registrarse a la entrada cuando el cerebro ya está en la alberca con una piña colada helada, o tenga que hacer cola para el bufé del desayuno… Se rompe la rutina para entrar a otra mucho más amena: desayunar con una buena taza de café y pan francés, embadurnarme de bloqueador, gracias a Dios ya existen los «continuous spray«, tumbarme panza arriba en la alberca, leer lo que no he podido, jugar con mis hijos, pedir una copita en la playa, aunque sea en vasos de plástico, el calorcito sienta bien, siempre y cuando se cuente con un buen equipo de aire acondicionado en la habitación.
Por fortuna nada es eterno, porque hasta las vacaciones pueden llegar a ser aburridas y fastidiosas.
Mis recuerdos de Acapulco se remontan a la infancia, cuando todavía me podía peinar, ha sido un famoso destino turístico a nivel mundial. Han surgido otros como: Cancún, Huatulco, Los Cabos etc., pero Acapulco sigue ocupando un lugar especial en el corazón de muchos turistas, incluido su servidor. Nada que ver con el Acapulco de los años sesentas, hoy cuenta con una gran infraestructura. Conocí La Isla, ya ni siquiera tiene categoría de «Mall» sino que es un «Shopping Village». Un centro comercial moderno al aire libre con restaurantes y tiendas de lujo, ubicado en la zona diamante, uno de los fraccionamientos más caros. Para los despistados padres de familia, yo les sugiero que dejen olvidada su cartera en el hotel. Me lo van a agradecer.
Los vinos en la mayoría de los casos son más de lo mismo: chardonnays chilenos, savignon blanc de California y tintos españoles. El vino por copeo está en un promedio de $75.00 y la ración varía de un lugar a otro. En una escapada a Wal Mart, compré un Monte Xanic Chenin Colombard 2007, lo más decente que había en blancos por debajo de los diez dólares. Al no contar con los instrumentos adecuados, pedí en recepción un sacacorchos y dos copas. Un vino que a pesar de las copas regordetas y de cristal grueso, se manifestó muy floral y con notas de manzana y durazno, en boca me sorprendió su mineralidad.
Dolorosamente compruebo que el país está viviendo una de sus peores sequías en muchos años, no soy meteorólogo pero los acapulqueños y no precisamente en la costa, pedían más agua. En las playas la cosa cambia, viven del turismo y las lluvias no son del todo favorables para su economía, en el campo es diferente, aunque de regreso se veían los cerros bastante verdes. ¡Ojalá! que el próximo año no necesitemos importar más maíz y frijol de lo ya acostumbrado.
La última escala la hicimos en El Pescao un restaurante para gente que vive en el puerto, allí no se ven turistas pagando fortunas por una docena de camarones y un coco frío con ginebra. Comida sin rebuscamientos y de nombres llanos: Coctel de camarones, pescado frito, tacos de pescado, cerveza fría etc., Muy buena recomendación de mi cuñado. No es el mejor lugar para pedir vino, hasta en eso rompí la rutina.
Ganó la selección mexicana. Lo escuché en la radio, porque obviamente no vi el partido, francamente me tiene sin cuidado. No porque no me guste el futbol sino porque soy totalmente indiferente a ese deporte, nunca me llamó la atención, cosa que agradece de manera infinita mi queridísima esposa. Bueno, decía que ganó la selección mexicana ¿a quién? a EE.UU. que si bien es cierto que no goza de una larga carrera futbolera, tiene muchos recursos para estar entre los primeros lugares. Además de que es una catarsis para los oprimidos mexicanos (no todos) que ven a los gringos para arriba. Con este resultado el equipo mexicano ya casi tiene asegurado un lugar en el Mundial de Sudáfrica. En economía el dólar está abajo de los 13 pesos. En cuanto el clima: han caído algunas gotas de agua en el reseco suelo azteca, aunque el panorama sigue complicado. Para estas fechas las lluvias deberían estar en su máxima expresión. Ayer mismo anunciaba José Luis Luege, director de
Como cada viernes, compré el periódico Reforma para echar una hojeada a sus encabezados, editoriales y su sección Buena Mesa. Sección enfocada a la gastronomía y al vino. En la primera plana aparecen las nuevas bodegas mexicanas con el título: «Florecen nuevas bodegas». Desde que visité en Tijuana con mi amigo Valente, la tienda de vinos La Vendimia de Baja California, me di cuenta de la poca cantidad de vinos mexicanos que conocía hasta ese momento, ni siquiera la décima parte de la oferta de esta interesante tienda. Por desgracia la gran mayoría no llega a México, algunos son vinos de muy baja producción. Con este artículo me entero de nuevas bodegas que hasta hace poco tiempo no existían. Aquí la lista de algunas de las más recientes: Alborada, Cava de Don Juan, Doña Lupe, Fluxus, Pedraza, Rancho La Viñata, Relieve, Rincón de Guadalupe, Santa Cristina, Sol y Barro, Viña Norte 32, Viñedos Malagón, Vino Cruz, etc. etc. para mi pesar no he probado nada. Aunque recuerdo que hace dos años cuando visité la tienda, propiedad de la familia Salinas, armé una cajita, misma que recibí en mi oficina cuatro días después por un cargo mínimo de 50 pesos por botella. Así que no está lejos la ocasión para que pida algo de estas bodegas, eso sí, una vez que cumpla con mis obligaciones de proveedor monetario con mi familia y surta de los lápices y libros contenidos en las kilométricas listas de regreso a clases.
Ya se empiezan a ver las coloridas flores decorando la copa de las jacarandas, primaveras y las plantas como las azucenas, anunciando la llegada de la primavera. Para quienes vivimos cerca del Ecuador, esto es más palpable; también sube el termómetro y se antojan los vinitos blancos, rosados y espumosos, que entran muy bien pero al final cobran su factura ya que finalmente uno de sus componentes es el alcohol, y éste por lo menos a mi me hace sudar en esta temporada. De todas formas no estaba para tintos. Descorché un Chenin Blanc 2005 de Casa Madero, una bodega con mucha historia, fundada en 1597, es la bodega activa más vieja del continente americano. Ubicada en Parras, estado de Coahuila. Se trata de un blanco muy refrescante aún con sus 13,3 grados de alcohol, muy bien integrados, toronja roja, melón valenciano y notas herbáceas, fresco en el paladar de buena acidez aunque un poco amargo al final, con un golpe cítrico de cáscara de limón. 2005 fue una excelente añada para el Chardonnay de esta misma casa, de lo mejor que he probado localmente. Cada vez que encuentro una botellita la pongo en el carrito, aunque ya queda muy poco y el 2006 es mucho más goloso y pesado.
