Masroig 2016

Publicado: 15 marzo, 2022 en Restaurantes
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Elegancia y sutileza definen en dos palabras a este vino.

Hacia mucho tiempo que no visitaba Viña Gourmet, uno de mis restaurantes favoritos al sur de la Ciudad de México. Ayer fui con la familia y disfrutamos no sólo de la comida y el vino sino también de tantos y tan buenos recuerdos en este restaurante. La tienda parece haber mermado su selección de vinos, o por lo menos eso me pareció, y me refiero al número de etiquetas más que a la calidad. Me sorprendió cuando el dueño, un buen amigo, me comentó que la selección de vinos catalanes, entre ellos los más buscados por mi últimamente: prioratos, no había en los anaqueles ya que no figuraban entre los preferidos del público. México parece destacar en la selección, con vinos por arriba de los mil pesitos, alrededor de 50 dólares americanos. De entre la selecta colección a la venta, me recomendó un Montsant al no tener los otros catalanes. Esta denominación cuyo origen se remonta a 2001, siendo una denominación de origen muy joven, con aproximadamente 2000 ha. Confieso que al principio titubeé, pero al final mil trescientos pesos para un Montsant comprado en tienda de este lado del charco tampoco es un precio que no se pueda pagar, así que lo llevé directo a la mesa. Una de las ventajas de poder entrar a la tienda y descorchar el vino seleccionado sin cargo extra. Se trata de una producción limitada y numerada de 2,528, ésta es la 1415. Masroig 2016 100% Cariñena, esa uva de maduración lenta, muy popular al sur de Francia con el nombre de Carignane. En España hay poco más de 7000 ha sembradas principalmente al noreste. Siguiendo con el vino y en ese afán de búsqueda de aquellas sensaciones que me dio el Mas Agnes, descorchamos este Masroig 2016 que ya desde el principio no se trataba de la garnacha tinta, sino un monovarietal de Cariñena. Color rubí brillante y fluido. En nariz es una delicia, con mucha fruta negra de primera calidad, recuerdos de bosque bajo y una notita de trufa, algo muy agradable que puedo estar oliendo toda la tarde. En boca muestra elegancia y sutileza, una acidez exquisita, tanino presente sin el más leve signo de astringencia desbocada, todo en armonía, un vino que enamora, como para una cajita en la bodega para ir descubriendo la magia de la evolución, aunque en este momento está soberbio. Con una ensalada verde fresquiita bañada con mucho aceite de oliva y vinagre balsámico, y de segundo un centro de filete al horno con salsa al carbón con espárragos asados, maridó de maravilla. De postre pedí una copita de Moscato Árdo 2015, nombre extraño para un vino ligerito con buena acidez y muy recomendable como postre, sin entrar a bebidas más complejas como pudiera ser un Pedro Ximénez o un Oporto.

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